Mendizorroza se vistió de gala para el partido en el que las Gloriosas esperaban asegurar el ascenso. Una enorme expectación se palpaba en el ambiente, con más de 5.500 seguidores albiazules que llenaron el estadio para crear una sensacional atmósfera y apoyar a su equipo en busca del deseado regreso a la Liga F.
En cuanto las albiazules saltaron al terreno de juego, toda la grada se puso en pie para animar a las suyas en un partido tan trascendental. A partir de ese momento, los gritos, aplausos y cánticos de ánimo fueron constantes y atronadores, buscando llevar en volandas a las Gloriosas en un encuentro que podía suponer, de nuevo, el regreso a la élite.
Impulsadas por el aliento de la grada, los primeros minutos del Alavés estuvieron a la altura de las expectativas. Acorralaron al Cacereño en su propia mitad del campo y una incisiva y vertical Ainhoa Guallar provocó el primer “¡Uyyy!” del público, aunque sin lograr el ansiado gol con ocasión.
Alegría inicial
No fue a la primera, pero sí a la segunda. Tras una gran jugada por banda derecha y un barullo en el área del Cacereño, sería la propia Guallar quien, más lista que nadie, consiguió introducir el balón en la portería rival.
La grada alavesista estalló en un júbilo ensordecedor con el primer gol, conscientes de que, aunque fuera de forma momentánea, situaba a las Gloriosas en la Liga F. Por ello, el tanto fue celebrado efusivamente y, fiel a sus costumbres, hizo saltar de espaldas a los aficionados albiazules.
La alegría no fue demasiado larga, ya que pocos minutos después el Cacereño, que hasta ese momento apenas había generado peligro, se encontró con el gol del empate. Sin embargo, este revés no desanimó a los numerosos aficionados en Mendizorroza, que apoyaron más que nunca a sus jugadoras justo cuando más podían necesitarlo, sabiendo la importancia anímica del encuentro.
Más de 5.000 gargantas
Tal era la expectación de los aficionados por presenciar el ascenso que, además de la grada preferente –totalmente llena desde el pitido inicial–, se tuvo que abrir de forma inesperada la tribuna de Cervantes para que pudieran acceder todos los seguidores que deseaban ver a las albiazules. De esta forma, Mendizorroza terminó acogiendo a más de 5.500 aficionados, todos deseosos del retorno de las suyas a la Liga F.
Aunque la reacción tras el empate del Cacereño no fue la ideal y el Alavés bajó ligeramente el frenético ritmo inicial, el apoyo incondicional de la grada volvió a reanimar al equipo, que logró regresar al incesante acoso del comienzo para tratar de batir la portería rival por segunda vez.
Así se llegó al descanso, con el empate a uno en el marcador y una grada completamente entregada al partido –a pesar del frío y el viento– y cada vez más molesta por las discutibles decisiones del trío arbitral, que obviaron varias faltas a favor de las Gloriosas y señalaron algunas en contra muy controvertidas.
El inicio de la segunda mitad fue frenético, con una ida y vuelta constante que dejaba claro que las Gloriosas no se conformaban con el empate; querían la victoria para poder certificar el ascenso este domingo.
Viendo el ánimo de las suyas de ir a por todas, la grada las respaldó, empujando hasta lograr un gol en el minuto 57 y gritarlo con aún más fuerza que el primero. Sin embargo, aunque la noticia llegó con bastante retraso para algunos, el tanto fue anulado por un fuera de juego milimétrico y la igualdad continuó inalterable en el marcador.
Un último esfuerzo
Los avisos de las albiazules –la madera evitó el gol hasta en dos ocasiones– se sucedían, y entre aplausos por el buen juego desplegado, protestas por las continuas pérdidas de tiempo de la portera visitante Delia Baz, ovaciones para las sustituidas y ánimos para las jugadoras que ingresaban, la afición anhelaba más que nunca ese segundo gol que parecía tan cerca, pero que se resistía a llegar.
El partido entró en sus minutos finales todavía con el empate en el luminoso y jugadoras como Elene Viles o Moreno Díaz fueron las que animaron a los seguidores albiazules para que les diesen ese aliento extra para el tramo decisivo del encuentro.
Dicho y hecho, la grada se desgañitó, agotando el último aliento que les quedaba para animar a las Gloriosas en su búsqueda de la victoria. Los cánticos de “¡Lo, lo, lo, Deportivo!” o los ya clásicos “¡Sí se puede!” resonaban con fuerza en Mendizorroza durante los instantes finales.
Finalmente, a pesar del enorme esfuerzo de afición y jugadoras –que agradecieron el apoyo de la grada al terminar el encuentro– por certificar el ascenso y las numerosas ocasiones generadas por las albiazules, el empate a uno se mantuvo inalterable. La celebración final tendrá que esperar, al menos, una semana más.