La luz de San Prudencio en el apagón general
En vísperas del primer aniversario del apagón total, los alaveses recuerdan qué estaban haciendo en ese momento
Ante la presencia de San Prudencio, la fiesta estaba por todo lo alto. Eran poco más de las 12.30 horas. En Artium, las autoridades se preparaban para compartir la entrega, por parte de la Diputación, de la Medalla de Álava. Pero de repente, todo se apagó. En realidad, en las campas se notó entre poco y nada lo que estaba pasando. “Nos pilló en Armentia y notamos algún problema con los móviles, pero como los talos y la sidra rulaban, ni enterarnos”, apunta Sandra, una de las personas que estos días pasados ha querido compartir con DNA su recuerdo de aquel 28 de abril de 2025.
Normalidad en prácticamente todos los semáforos y centros cívicos de Vitoria
En el museo sí se tuvo que suspender el acto previsto. Hubo problemas con los tranvías, el BEI, con personas que se quedaron atrapadas en ascensores... pero la verdad es que la coincidencia con el día festivo y la corta duración del suceso aquí, hizo que el famoso apagón tuviera menos consecuencias de las que tuvo en otros lugares. “Nos pilló saliendo de las campas y supimos que algo pasaba porque no funcionaba ni un solo semáforo”, apunta Tania, una vivencia que comparten muchas otras personas como Andrea, Jon, Estibaliz, Mónica... “Había quedado para subir a comer a las campas y me pilló esperando en la puerta del ascensor; por segundos no me quedé encerrada”, recuerda Vicky.
También hubo quien vivió los primeros momentos lejos de las campas pero sin salir de la ciudad o del territorio. Les pasó a Pilar o a Zaida, que estaban en sus respectivas casas. Esta última recuerda que “estaba haciendo la comida; tenía un fogón a gas y batería solar. Teníamos latas de emergencia y tiré de ellas para comer. Tampoco me importó”. Algo parecido vivió Olga: “Estaba en casa preparando la comida y gracias a una radio me pude enterar de algo”. “Nosotros fuimos a la única tienda abierta a por velas, embutido y una barra de pan para poder hacer unos bocatas”, apunta Almudena. Teletrabajando estaba Renata; en su puesto de trabajo, Geraldine; en Garaio, Paki; haciendo caracoles, David; y nadando en las piscinas de Aldabe, Daniela.
Peores experiencias
A nadie se le escapa que la coincidencia de San Prudencio con el 1 de Mayo hace que esta semana sea propicia para que muchas personas que viven y trabajan en Álava aprovechen para irse unos días de vacaciones. A David, por ejemplo, el apagón le pilló en la madrileña estación de Atocha, donde estuvo sin luz hasta la una de la madrugada. A Anita le tocó vivir el suceso en Portugal, donde estuvo casi doce horas sin luz: “las tiendas cerradas, los bares cerrados y sin conocer a nadie... fue una experiencia muy mala”.
En Madrid estuvieron también Maribel, su marido y sus cinco nietos. La idea era pasar la jornada en las instalaciones de Faunia, pero “no pudimos disfrutar ni una hora”, se lamenta. “Con la ilusión que tenían nuestros nietos de ver a los animales...”. En la misma ciudad, pero en el aeropuerto, estaba Yoli. Iba a Alemania. Lo que se encontró en el camino de la ciudad a Barajas fue un caos “impresionante”.
Amagoia recuerda que el apagón en Vera (Almería), la luz y los teléfonos desaparecieron durante casi 24 horas. Eso mientras Amaia y sus cuatro acompañantes tuvieron que repartiste dos pintxos en Santander ya que los bares o estaban cerrados o se habían quedado sin nada. En la estación María Zambrano de Málaga estaba Santi, donde el suministro no volvió hasta las tres de la madrugada, según cuenta. Son vivencias que se suman a la de una alavesa a la que todo le tocó en Valencia. “Estuvimos sin luz hasta las nueve de la noche. Nos dieron de comer en un restaurante italiano que tenía embutidos, pan y unas ensaladas. Fue muy angustioso estar en una ciudad ajena a nuestra vida cotidiana, guardando la batería del móvil y esperando noticias que no llegaban. Volver al hotel fue una odisea; sin GPS, sin transporte público, sin taxis. No funcionaban los semáforos. No se podían usar las tarjetas de crédito y por supuesto no teníamos pilas, ni velas. Fue una experiencia muy desagradable”.
Problemas con los móviles y con los pagos a través de ellos también tuvo Rafa camino de Londres o Zuriñe, que ya estaba en la capital inglesa. Mejor lo tuvo María Ascensión, quien desde Ankara (Turquía) solo se enteró de lo que pasaba por las noticias que le iba contando su familia. Todo ello mientras Ana estaba en Disneyland París, Elena en la playa de Denia, Mamen en Córdoba, Mayte en Villajoyosa, Txopi en un pueblo de La Rioja, Izaskun en el Aquarium de Donostia... A un centro comercial de Bilbao fueron Blanca y compañía. Llegaron justo al mediodía. Así que cuando todo pasó, “acabamos en Sopelana, en la playa”. Por lo menos hacía bueno.
