Cada 27 de abril al caer la noche, en Vitoria-Gasteiz hay un momento en el que el tiempo parece detenerse. Es justo cuando suenan los primeros compases de la Retreta de San Prudencio, uno de los actos más simbólicos y emotivos de las fiestas en honor a San Prudencio y Nuestra Señora de Estíbaliz que se celebran cada año por estas fechas.
No es solo música. Es memoria, identidad y una tradición que, tras cumplir cien años el pasado año, vive ahora una especie de regreso a sus raíces en un presente donde la tradición está más viva que nunca si cabe.
La Retreta no es un acto más del programa. Es, en muchos sentidos, el arranque emocional de unas fiestas que comparten espacio en el corazón de todos los gasteiztarras
Si algo ha dejado claro el centenario es que la Retreta no es un acto más del programa. Es, en muchos sentidos, el arranque emocional de unas fiestas que comparten espacio en el corazón de todos los gasteiztarras y alavesas con las de la Virgen Blanca de agosto.
Tiempo atrás
Era el año 1924 cuando se organizó por primera vez la Retreta como un desfile nocturno de aires militares, inspirado en las retretas castrenses que marcaban el final de la jornada en los cuarteles. Aquellas primeras ediciones tenían un carácter mucho más sobrio que el actual, que es más festivo y con un aire emotivo y cercano, con formaciones más rígidas y un protagonismo claro de las marchas militares.
Fueron pasando los años y las décadas y la Retreta fue evolucionando al mismo tiempo que iba cambiando el ritmo de la propia capital. Tras la Guerra Civil y durante buena parte del siglo XX, la cita se siguió celebrando cada 27 de abril, pero se notaron ciertos cambios en su formato y en su significado.
Así es como fue perdiendo el tono más estrictamente militar para convertirse en una expresión más popular, abierta y participativa (sin dejar de lado algunas notas solemnes en ciertos momentos de la Retreta).
Mikel Delika González de Viñaspre y su sobrino Jon Larrauri Delika forman parte de los tres trompeteros que protagonizan uno de los momentos más esperados de la noche
En la antesala, los preparativos se viven con intensidad y emoción. Mikel Delika González de Viñaspre y su sobrino Jon Larrauri Delika forman parte de los tres trompeteros que protagonizan uno de los momentos más esperados de la noche, junto a los atabaleros que marcan el pulso de la tradición. Durante estos días previos, ambos afinan cada detalle: desde la preparación de los trajes hasta los ensayos de las piezas que resonarán en la plaza. Todo debe salir perfecto.
La responsabilidad es grande, pero también el orgullo de mantener viva una costumbre tan arraigada.
Para Mikel, la experiencia no elimina los nervios. “Siempre están ahí”, reconoce, pese a que lleva participando desde 1989, cuando vivió su primera retreta. A su lado, Jon encara este momento con ilusión renovada: esta será su sexta vez asomándose al balcón principal de la Casa Palacio en la Plaza de la Provincia.
Tío y sobrino comparten algo más que la música: una tradición familiar que se transmite con cada nota, con cada ensayo, y que culmina en una noche donde Vitoria late al mismo ritmo.
100 años de tradición
El pasado 2025 marcó un punto de inflexión con la celebración del centenario de esta cita, que no solo ayudó a echar una mirada al pasado, sino que fue el impulso que necesitaba la Retreta para seguir apostando por la tradición.
Y la respuesta del público fue contundente: miles de personas volvieron a llenar espacios como la Plaza de la Virgen Blanca o la Plaza Nueva, confirmando que esta cita sigue muy viva.
En estos 100 años de Retreta, algunos de estos cambios se han notado, por ejemplo, en el recorrido: no siempre ha pasado por los mismos puntos del centro de la capital e incluso en algunos años llegó a desaparecer temporalmente del programa festivo de estos días.
En la actualidad, la Retreta mantiene ese equilibrio entre tradición y adaptación. Tras los cien años celebrados el año pasado, la sensación general es que ha reforzado su papel dentro de las fiestas de San Prudencio. Lejos de quedarse anclada en el pasado, ha sabido reinterpretarse sin perder su esencia.
Y quizá ahí está la clave de su éxito: en ser capaz de conectar generaciones, de emocionar tanto a quienes la descubren por primera vez como a quienes la llevan viviendo toda la vida cuando cae la noche del 27 de abril y vuelven las notas de la Retreta.