El Observatorio Vasco del Juego ha presentado esta mañana el informe ‘Personas mayores de 65 años y el juego en Euskadi’ en el Palacio de Europa. El nuevo estudio recoge, a partir de 750 encuestas y tres grupos de discusión celebrados en las tres capitales vascas, los hábitos de juego de la población mayor de 65 años en Euskadi, desde la extensión de la práctica hasta el componente emocional que adquiere en esta etapa de la vida.

El observatorio Vasco del Juego organiza la jornada de juego responsable ‘Personas mayores de 65 años y juego en Euskadi’ Jorge Muñoz

Una de las conclusiones que arroja el estudio es la alta participación, aunque mayoritariamente ocasional y controlada. En concreto, el 87,1 % de las personas mayores de 65 años en Euskadi ha jugado a algún juego de azar en el último año. Se trata de una participación que el Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco califica de “muy elevada” y que “confirma que el juego forma parte de las rutinas de ocio de este colectivo”.

Sin embargo, esta alta prevalencia no se traduce en intensidades elevadas de juego: el 58,7 % juega un día al mes o menos y el 32,8 % lo hace entre dos y cuatro días al mes, siendo residuales las frecuencias semanales o diarias.

El gasto medio también es moderado en estas edades. La media en la última semana antes de la encuesta fue de 7,78 € (mediana de 5 €) y de 34,88 € en el último mes (mediana de 20 €). Aunque en Navidad el gasto aumenta considerablemente, con una media de 134,38 € y casos que alcanzan los 1.000 €, los valores centrales indican que la mayor parte se concentra en cantidades relativamente contenidas, propias de una lógica ritual y excepcional vinculada a la tradición y al intercambio social.

Juego tradicional

Las modalidades más practicadas entre las personas mayores son las loterías tradicionales –Lotería Nacional, sorteos extraordinarios como Navidad y El Niño, y la Primitiva– y el cupón de la ONCE. A distancia, y de forma residual, aparecen las máquinas de juego, el bingo o las apuestas deportivas, mientras que el juego online y los casinos tienen una presencia prácticamente inexistente. Los grupos de discusión refuerzan esta percepción: las personas mayores identifican estas modalidades como “los juegos de toda la vida”, asociados a la costumbre, la confianza y la ilusión compartida, y los distinguen claramente de otras formas de juego que perciben como más peligrosas o ajenas a su entorno.

El observatorio Vasco del Juego organiza la jornada de juego responsable ‘Personas mayores de 65 años y juego en Euskadi’ Jorge Muñoz

Aunque el 66,2 % menciona “ganar dinero” como motivo principal, el análisis cualitativo revela que esa expectativa económica está más vinculada a la ilusión del sorteo que a la ambición de obtener un beneficio. Junto a este motivo, la tradición (22 %) y el entretenimiento (8,2 %) ocupan un lugar relevante, lo que refuerza la idea de que el juego cumple una función simbólica y rutinaria más que instrumental. El estudio destaca, además, que esta práctica está profundamente inscrita en una trayectoria vital marcada por el contexto histórico en el que estas generaciones se socializaron, cuando la oferta era limitada y socialmente legitimada.

El Observatorio Vasco del Juego descarta casos moderados o graves y sitúa el gasto medio mensual en 20 euros

El 98,8 % de las personas mayores que juegan no presenta indicadores de trastorno del juego según la escala DSM-V, que describe el juego patológico como “una conducta de juego persistente y desadaptativa que genera un malestar clínicamente significativo”. Solo un 0,4 % de las personas jugadoras mayores de 65 años se encuentra en alguna situación de juego patológico leve, sin que se detecten casos de trastorno moderado o grave, a los que cabría añadir un 0,8 % en fase de posible juego problemático. En términos absolutos, la estimación poblacional indica que más de 4.000 personas mayores podrían encontrarse en situación de riesgo en Euskadi, y algo más de 2.000 en juego patológico leve. De manera retrospectiva, el informe recoge también que el 2,4 % reconoce haber tenido problemas de juego excesivo o dependencia en el pasado.

El estudio no identifica grandes diferencias por sexo ni en la prevalencia del juego ni en el juego problemático, lo que sugiere que en la vejez esta práctica está menos atravesada por desigualdades de género que en otros grupos de edad.

Sí se observa, en cambio, una reducción progresiva de la frecuencia y el gasto a medida que avanza la edad. En la denominada vejez joven, el 90,5 % ha jugado en los últimos doce meses, porcentaje que desciende ligeramente en la vejez intermedia (87,5 %) y de forma más acusada en la vejez avanzada (75,2 %). En cuanto al gasto, las personas en vejez joven registran las medias más altas: 8,5 € en la última semana y 39,4 € en el último mes.

El informe revela que el 98,8 % de las personas mayores de 65 años que juegan en Euskadi no presenta ningún indicador de trastorno del juego

En la vejez intermedia y, especialmente, en la avanzada, ese gasto se reduce de forma clara, situándose en torno a los 6,5 € semanales y los 25 € mensuales en el grupo de mayor edad. En todos los tramos, los hombres presentan, de media, un gasto superior al de las mujeres, tanto a corto como a medio plazo.

El tipo de convivencia también refleja diferencias significativas: las personas mayores que viven acompañadas en su domicilio son quienes más participan (90,1 %), seguidas de quienes viven solas (85,2 %). Esta participación cae de forma notable entre las personas institucionalizadas o con apoyo formal, donde solo el 54,4 % declara haber jugado en los últimos doce meses. Estos datos refuerzan la idea de que, a medida que avanza la edad, el juego tiende a adoptar formas más esporádicas y controladas, alejadas de dinámicas de riesgo.

Conclusiones

El estudio concluye que el juego entre las personas mayores de 65 años en Euskadi es, en términos generales, una práctica muy extendida, cultural y generacionalmente aceptada, con funciones de ocio y socialización, y con niveles muy reducidos de juego problemático. El Gobierno Vasco reafirma así su compromiso de establecer políticas públicas basadas en evidencia para que la oferta de juego en el territorio esté adaptada a la realidad social de Euskadi.