- Aplicar el sentido común para comportarse en el mundo digital como en la vida real, fomentar el pensamiento crítico para preguntarse por el porqué de las cosas y que nada en Internet es gratis, aunque lo parezca, porque, a cambio, se cede privacidad. Son los tres consejos básicos para prevenir, detectar y evitar situaciones de riesgo en las redes sociales que 25 alumnos, de 9 a 13 alumnos, aprendieron ayer durante la visita que les hizo el aula móvil de smartbus de Huawei y que hoy harán lo propio otros tantos escolares de la ikastola Aranzabela. Todos ellos participan en la campaña Comparte sin arriesgarte y son las dos primeras paradas que esta semana hace por Euskadi, como parte de una ruta que le ha llevado desde octubre a recorrer la península, de norte a sur, para concienciar a la comunidad educativa sobre el buen uso de los datos que se comparten por la Red, motivo por el que estarán con un total de 57 colegios y 1.700 niños, así como con madres, padres y educadores.

“El proyecto es un buen ejemplo para contribuir a la educación de los jóvenes en las nuevas tecnologías con el objetivo de impulsar la formación en entornos seguros. No queremos ocultarles esta realidad, sino que aprendan a usarlas”, resaltó ayer durante la presentación de esta iniciativa, Valerie Sosto, manager de Responsabilidad social corporativa de la firma.

Para ello, una sesión de 50 minutos en el smartbus profundiza en los principales peligros de las redes sociales, empleando aplicaciones interactivas de última generación. Así, los estudiantes, sentados por parejas, se deben de poner delante de tabletas y smartphones. “En cada dispositivo hay aplicaciones instaladas similares a Facebook, Twitter, Instagram y Whats App”, aclaraba Sosto a los medios.

Y así comienza lo que parece ser un juego llamado Detective privado, entre escolares como los de Primaria de Paula Montal. “Nos ha enviado una invitación un desconocido. No le agregamos”, comentaban un par de chicas. “Respuesta correcta”, aclaraba la aplicación. “¡Pero si tiene 45 años! Seguro que es un pederasta”, alertaban las dos compañeras que estaban sentadas justo enfrente de las anteriores.

Chica depilándose A continuación, llegaba el turno de Fotocam, un programa que simulaba ser Instagram. “¿Subirías esta foto de una amiga?”, preguntaba la aplicación. “¡Pero si se está depilando!”, exclamaban, sorprendidos los jóvenes. “¿Verdad que vosotros nunca subiríais una foto vuestra así? Pues si lo haríais con la de un conocido, estaríais cometiendo unos cuantos delitos: uno, por ser la de un menor, otro por estar en una situación íntima, porque aquí está con una toalla, y tercero, porque no tenéis su permiso. De hecho, todos los menores, según la ley, debéis de tenerlo de vuestros padres para subir imágenes”, hacía hincapié uno de los dos educadores de esta compañía. “¡Hala!”, se miraban entre ellos sorprendidos.

Y lo mismo hicieron cuando descubrieron los riesgos de compartir vídeos de peleas entre adolescentes, “que no es que esté feo hacerlo, es que es delito”, subrayaba el experto, o de Fake news, que se pueden desmontar, “con hacer una simple búsqueda en Google”, por no hablar de los Challenge. “¿Qué creéis que os puede pasar si os lleváis a la boca una cucharada de canela? Imposible. No es soluble” o del de subir fotos de entradas de un concierto. “Con un simple pantallazo de su QR, ya no podríais entrar”, matizaba.

Y este caso no fue el único. “A ver, Andrea, ¿a que tú no irías por la calle enseñando a desconocidos las fotos de tu cumpleaños?”, preguntaba el educador. “No, solo a mis familiares y amigos”. “¿Y por qué colgamos nuestra vida para que la vean extraños? Cuidado con la sobreexposición y con añadir a desconocidos que sigan nuestra vida”. “Por cierto -subrayó- ¿a qué vosotros tampoco os reiríais de alguna persona que os llame la atención por la calle, delante de su cara, y porque sí lo hacéis por Internet, tras pinchar en un emoticono y poner: LOL?”, “Por respeto”, respondían los estudiantes.

Redes sociales e Internet. Las sesiones del smartbus de Huawei, de carácter formativo, pero también lúdico, tienen una duración de 55 minutos, con 25 personas por clase, e incluyen dos educadores especializados. Se llevan a cabo con dispositivos como tabletas y smartphones, para profundizar sobre los riesgos de Internet y de redes sociales.

Máquina de ‘vending’. El autobús tiene también una particular máquina de vending, que haciendo clic en cada uno de botones se aprende a prevenir sobre los diferentes riesgos cibernéticos: ciberbullying, grooming, etc.