Secuelas del coronavirus a mitad de curso

El rendimiento académico se ha resentido, a pesar de los refuerzos no es viable la educación virtual... Portavoces de los equipos directivos y las familias de la Escuela Pública Vasca hacen balance un año después de que se vaciaran las aulas

13.03.2021 | 11:04
Seis meses después del cierre de los centros educativos por la pandemia, los alumnos regresaron a las aulas con mascarilla y la mochila cargada de ilusión y nervios.

EL curso pasado terminó a trancas y videollamadas por culpa de la pandemia, y sus secuelas, más allá de los confinamientos por casos positivos, se siguen notando en la actualidad. "El rendimiento académico del alumnado, sobre todo en primeros cursos de Secundaria, se ha visto afectado por causa de los meses de no presencialidad en las aulas", avanza Iñigo Salaberria, presidente de Heize, federación de directores y directoras de la Escuela Pública Vasca.

Tras casi seis meses sin pisar el patio, los estudiantes regresaron en septiembre con la mascarilla y la mochila más pesada que nunca. "El aprovechamiento del alumnado ha sido irregular, ya que todos no disponen de las mismas condiciones técnicas, espaciales, ni de entorno familiar adecuadas" para aprender desde casa frente a la pantalla, expone Salaberria. "Para compensar esa bajada se han planteado un sinfín de refuerzos específicos en los centros, pero que se estiman insuficientes para poder responder al reto de una enseñanza meramente on line. Todo esto pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de la presencialidad de la educación", defiende.

A falta de un diagnóstico oficial, con el transcurrir de las clases, los trabajos y los exámenes, la huella de esta crisis sanitaria se empieza a esbozar. "A medida que el curso va avanzando se nota una cierta desaceleración en el ritmo de aprendizaje basado en lo ya aprendido, aunque todavía no se refleja en las calificaciones gracias al trabajo del profesorado adecuando el currículum para la mejor evolución del alumnado", explica Salaberria.

Los confinamientos de aulas o individuales al detectarse casos positivos también afectan, dice, "aunque en menor medida", al normal desarrollo del proceso educativo. "La mayor dificultad estriba en compaginar la enseñanza sincrónica presencial con la virtual del alumnado que no está presente en el aula. Para poder ofrecer una atención unificada a la clase en cuestión se han activando diferentes recursos metodológicos y técnicos", apunta.

Que el uso de las nuevas tecnologías era la gran asignatura pendiente de parte del profesorado quedó patente una vez estalló, en marzo del pasado año, la crisis sanitaria. "Las acciones de formación específica en digitalización y renovación metodológica han sido una constante a lo largo del presente curso por parte de los equipos docentes de los centros públicos", asegura el presidente de Heize, quien concluye que "todos estos condicionantes a los que me vengo refiriendo nos obligan a replantearnos el diseño curricular y el modelo de evaluación".

USO DEL EUSKERA Y COHESIÓN SOCIAL 

Antes de que la pandemia vaciara los pupitres y hubiera que improvisarlos en las casas, recuerda Salaberria, "las necesidades estructurales del sistema educativo vasco" ya venían siendo planteadas. "Creo que nos confundiremos si pretendemos abordarlas todas a la vez. Debemos priorizar aquellas que sean más acuciantes, como el aprendizaje y uso del euskera, la cohesión social dentro del sistema, la estabilidad de los claustros, el nuevo modelo de gobernanza de los centros, la competencia digital docente... Hay trabajo por hacer y en ello están metidos todos los claustros de la escuela pública. Esperamos que las diferentes administraciones apoyen el buen trabajo que se realiza en los centros", reclama.

Para realizar un análisis más detallado de la huella del covid en los boletines de notas y las posibles soluciones a adoptar habrá que esperar. "La educación no es un proceso de fast food. Los datos necesitan de una lectura sosegada y transversal con otros indicadores", señala Salaberria, quien recuerda que los centros públicos evaluaron las necesidades académicas y emocionales del alumnado antes de su regreso a las aulas. "Sobre esa realidad se han diseñado unos planes de trabajo y formación específica e implantando innumerables mejoras y adaptaciones para poder responder al incierto futuro que a lo largo de este curso se nos pueda presentar. Todo ello con la inestimable ayuda de las familias, que, como se ha vuelto a demostrar una vez más durante esta pandemia, son nuestras mejores aliadas en pos del objetivo común del éxito del alumnado", pone en valor.

"NECESITAN RELACIONARSE" 

Superada la incertidumbre de la vuelta al cole, con la esperanza de que la escena a la inversa no se vuelva a repetir, las familias afrontan el ecuador del curso con un ojo puesto en los resultados académicos y otro en el estado anímico de sus hijas e hijos. "La pandemia está afectando a toda la sociedad y la escuela es un reflejo de ella, donde, además, se encuentra la población más vulnerable. Uno de los retos pendientes es compaginar las medidas sanitarias con los objetivos educativos y de socialización que tiene la escuela", pone sobre la mesa Lurdes Imaz, coordinadora de Ehige, la confederación que agrupa a más de medio millar de asociaciones de padres y madres de alumnado de centros públicos vascos.

En lo que respecta a la mella que podría causar la pandemia en las calificaciones de este curso, Imaz comenta que "en breve se realizarán las evaluaciones de diagnóstico, que pueden servir para identificar este tipo de deficiencias. En cualquier caso, lo importante es detectar las necesidades de cada alumna y cada alumno y poner en marcha los planes de mejora correspondientes", resalta.

En este sentido, asegura que "uno de los aspectos que más preocupan a las familias es cómo va a afectar esta situación a sus hijas e hijos en el aspecto emocional" porque "necesitan relacionarse entre ellos, correr por el patio, hacer deporte, salidas y excursiones? y ahora solo pueden relacionarse con su grupo, casi no pueden hacer actividades extraescolares y sus opciones de salir del centro son casi inexistentes". Por ello, reivindica, "la escuela tiene que volver a ser el espacio de socialización que necesita el alumnado para relacionarse con sus iguales, el espacio que garantiza la igualdad de oportunidades y, en definitiva, la comunidad educativa enraizada en su entorno que crece con las aportaciones de todos sus miembros".

LO IMPORTANTE, LA PROGRESIÓN 

En el último trimestre del curso pasado los centros "adaptaron los contenidos y evaluaciones a la situación existente" y el resultado fue un aumento de los aprobados. "No podemos obviar la importancia de la evaluación final, pero más allá de eso, lo importantes es tener en cuenta la progresión del alumnado a lo largo del curso a través de la evaluación continua. La educación es mucho más que el resultado de una evaluación final. En este sentido, lo importante es identificar las posibles lagunas que haya podido provocar el cierre de los centros y establecer los planes de mejora con los correspondientes refuerzos", recalca la coordinadora de Ehige.