De Agipad, Etorkintza, Gizakia y Jaiki

Quince profesionales atienden a pie de calle las nuevas adicciones surgidas por el confinamiento y la crisis sanitaria

29.08.2020 | 01:09
Dos trabajadoras de Gizakia y Etorkintza caminan por una calle de Bilbao. Foto: Oskar González.

El programa Erdu llega a más de 350 personas de manera individual o vía 'online'

El 12 de marzo confinó a muchas personas con su adicción en casa. El consumo de alcohol, tabaco y/o otras sustancias; el juego y otras adiciones se convirtieron, entonces, en un verdadero problema para muchas personas. Y provocó que otras tomaran conciencia de la adicción que padecen. El programa Erdu impulsado por el departamento de Políticas Sociales del Gobierno vasco, dentro del fondo Inor atzean utzi gabe, ha atendido en la Comunidad Autónoma Vasca de manera presencial, desde el pasado mes de mayo a más de doscientas personas con problemas de adicción. Y, mediante este programa, también se ha llegado a otras casi 150 personas a través de más de 500 sesiones vía telemática.

Quince profesionales de cuatro entidades sociales –Agipad, Etorkintza, Gizakia y Jaiki– son los encargados de atender, mediante el programa Erdu, a personas con problemas de adicción. Lo hacen a través de Unidades Móviles Especializadas y vía online. Personas con perfiles de todo tipo: jóvenes, mayores, mujeres, hombres, extranjeros, autóctonos, euskaldunes, legales, ilegales, con TIS -Tarjeta Individual Sanitaria-, sin TIS, etcétera.

Porque, en contra de lo que se pueda pensar, la adicción no es un problema que afecte sólo a personas en riesgo de exclusión social. El confinamiento ha hecho aflorar realidades que permanecían invisibles. "Por ejemplo, estamos atendiendo a personas que, igual, no eran muy conscientes de la cantidad de alcohol que bebían durante el día porque les parecía que era lo más normal", explica Lukene Lizaso, responsable de Agipad.

Una toma de conciencia que ha llevado, también, a otras personas atendidas por Erdu a estar tres meses contenidos y lograr, por primera vez en su vida, reflexionar sobre su propia adicción. Con ellos, el programa Erdu trabaja por no recaer. "Ahora llegan los miedos y la incertidumbre a seguir por el camino que han empezado. El miedo a volver a salir a la calle", explica Lukene.

En el extremo, se encuentran quienes "han llevado fatal" el confinamiento porque les ha generado mayores problemas de ansiedad. Personas que se vieron obligadas a convivir en los refugios puestos en marcha en los polideportivos durante el estado de alarma y que arrastraban consumos problemáticos. "Si juntas el síndrome de abstinencia de diez personas eso es una bomba de relojería. Así que algunas asociaciones han tenido que adecuar sus propias reglas para dar respuesta a las situaciones", explica la responsable de Agipad, quien recuerda que mucha gente se ha visto obligada a convivir y residir entre cuatro paredes después de 20 años de vivir en la calle.

El programa Erdu mantendrá su intervención activa hasta el mes de diciembre. La actividad de las Unidades Móviles Especializadas -que se desplazan a los recursos que lo precisen para ofrecer una atención en adicciones complementaria- aumentará o decrecerá en función del momento de la crisis sanitaria. En todo caso, seguirán prestando parte a los recursos que forman parte del programa Lehen Urratsa, también puesto en marcha por el departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno vasco a través del fondo Inor atzean utzi gabe, para atender a las personas usuarias de los refugios a otras situaciones. Y, también, se acentuará la atención vía telemática.

"Cada dos semanas, vamos a los recursos. Somos un programa de apoyo, que les viene bien para hablar y desahogarse. A otros, lamentablemente, no les contienes ni con nada del mundo", explica Lukene Lizaso.

Para todos ellos, los quince profesionales que trabajan en el programa Erdu seguirán ahí. Acompañando y atendiendo para quien lo necesite. Incluso a aquellos que han dado el importante paso de escribir a su familia pidiendo perdón. Es el comienzo de una nueva vida en mitad de una dura crisis sanitaria.