Crónica desde la otra América

02.08.2020 | 01:16

Nuestros lectores han tenido y tienen la oportunidad de leer en las páginas de este y otros diarios, o de ver y oír en las radios y televisiones de nuestro país, lo que piensan los periodistas norteamericanos y los residentes de las ciudades de Washington o Nueva York, donde viven nuestros corresponsales.

Esta última es la gran ciudad cosmopolita de América y lugar visitado con frecuencia por nuestros compatriotas turistas, mientras que Washington es la sede del Gobierno federal, residencia de periodistas, tiene la mayor concentración de abogados del mundo y aloja un gran numero de think tanks –algo así como tanques del pensamiento– en que académicos ilustres o con aspiraciones de serlo, utilizan la preparación recibida en las universidades de elite para decir al resto del mundo lo que debe pensar.

Ambas ciudades son muy distintas: mientras New York es una jungla urbana superdensa, Washington es una ciudad tranquila con una población escasa en densidad pero de alto nivel medio de ingresos, con parques y museos gratuitos y calles arboladas que exhiben sus flores desde mayo hasta noviembre, cuando el espectáculo vegetal termina con el fin de fiesta otoñal en toda la gama de rojos.

A pesar de sus diferencias en ritmo y carácter, ambas metrópolis tienen en común sus afinidades políticas: si Nueva York dio hace cuatro años el 79% de sus votos a la demócrata Hillary Clinton, Washington se le adelantó con nada menos que el 91%.

En estas dos ciudades se publican los diarios más influyentes del país: El The New York Times, leído también por las redacciones del mundo entero, y el Washington Post, ahora propiedad del millonario Jeff Bezos, dueño de Amazon. Ambos son lectura obligada para las elites del país. Aunque el USA Today y el Wall Street Journal, de tono político más matizado, tienen una circulación varias veces mayor, no son las fuentes de las que beben los corresponsales extranjeros.

En Washington y Nueva York, con sus restaurantes internacionales, sus elites intelectuales y sus centros de influencia, Donald Trump con sus malos modales produce rechazo y hasta repugnancia, que se refleja diariamente en los diarios editados en estas urbes.

Pero a poco más de una hora en coche hacia el interior, hay otro país cuyos residentes gozan de pocos privilegios y escasa protección ante avatares como la pandemia que ha costado muchos puestos de trabajo, a diferencia de los funcionarios y expertos urbanos quienes, además de cobrar mucho más que ellos, están trabajando desde sus casas.

Estos mismos privilegiados les dicen que no manden a sus niños a la escuela o que no visiten a sus familias, lo que tiene unas consecuencias muy distintas para las elites urbanas que para las zonas rurales, donde muchos padres no tienen conocimientos suficientes para ayudar a sus hijos a seguir las clases, o no encuentran con quien dejarlos si ellos están trabajando

Son las dos Américas a las que tanto se refieren los políticos progresistas deseosos de reducir las diferencias entre las elites urbanas pudientes y los residentes de las vastas planicies que se extienden desde los Apalaches hasta las Rocosas, gente que no solo tienen menos dinero, sino que se saben menospreciados por mantener valores tradicionales como el patriotismo, la religión o la familia.

Mantener unidas estas dos Américas, de culturas, aspiraciones y posibilidades diferentes, no ha sido nunca fácil. Ya la guerra de secesión enfrentó a quienes tenían conceptos opuestos de su país.

Entonces la lucha se centró en la esclavitud.