El campo alavés no es solo paisaje o tradición: es economía, identidad, sostenibilidad y, cada vez más, innovación. El sector agrario alavés (una realidad que no es ajena a otros territorios) atraviesa un momento decisivo, marcado por la incertidumbre normativa, las dificultades para garantizar el relevo generacional en las explotaciones y un contexto económico cambiante a un ritmo vertiginoso y en ocasiones con bastantes obstáculos. Sin embargo, en medio de estos desafíos también se abren oportunidades que invitan a mirar al futuro con realismo, pero también con esperanza.

Esta fue una de las principales reflexiones que quedaron en el aire tras la celebración el pasado miércoles de una nueva edición de AgroAraba organizada por DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA sobre esos retos que es necesario salvar para hacer de este sector esencial un sector que siga manteniendo la proyección y el futuro.

82

En imágenes: Encuentro AgroAraba 2026 Alex Larretxi

La tediosa burocracia

Uno de los principales focos de inquietud para los trabajadores del agro alavés es la creciente complejidad de la normativa. Las exigencias medioambientales, los cambios en la Política Agraria Común (PAC), la burocracia asociada a ayudas y subvenciones o las nuevas regulaciones generan una sensación de inestabilidad constante. Muchos profesionales del agro sienten que pasan más tiempo frente a papeles que en sus explotaciones.

A esto se suma la necesidad de adaptarse a criterios de producción más sostenibles, algo positivo en esencia, pero que requiere inversión, formación y acompañamiento para que no suponga una carga inasumible para muchos productores y productoras de nuestro territorio.

A la presión normativa se une otro reto estructural de gran calado y que lleva años dando más de un quebradero de cabeza en el sector primario: el relevo generacional. 

Parte del público asistente el pasado miércoles a este interesante encuentro Alex Larretxi

La edad media de quienes trabajan en el campo en Álava, como en buena parte de Europa, sigue aumentando e incorporarse a la actividad agraria no es sencillo para las nuevas generaciones: los altos costes de acceso a la tierra, la inversión inicial en maquinaria e instalaciones, la incertidumbre de los precios y la percepción de que es un trabajo duro y poco reconocido socialmente frenan a muchas personas jóvenes que podrían estar interesadas.

Así, sin nuevas generaciones que tomen el testigo, se pone en riesgo no solo la producción, sino también el equilibrio del medio rural y el mantenimiento del territorio.

Sin embargo, reducir el sector primario a una actividad del pasado es un error. El agro alavés está viviendo una transformación silenciosa pero profunda gracias a la tecnología.

La digitalización de las explotaciones, el uso de sensores para optimizar el riego, la agricultura de decisión o los sistemas de gestión de datos están cambiando la forma de trabajar como quedó patente en las dos mesas redondas celebradas el pasado miércoles como parte de este interesante encuentro. 

A la presión normativa se une otro reto estructural de gran calado y que lleva años dando más de un quebradero de cabeza en el sector primario: el relevo generacional.

Son herramientas que permiten producir de forma más eficiente, reducir costes, minimizar el impacto ambiental y tomar decisiones basadas en información real. Y no, no son sustitutas de los protagonistas del sector. Además, para las nuevas generaciones, la integración de tecnología convierte el campo en un entorno profesional más atractivo, conectado con la innovación y el conocimiento.

En este proceso de modernización, la dignificación del sector es fundamental. Quienes trabajan en el campo desempeñan una labor esencial: garantizan alimentos de calidad, gestionan el paisaje, contribuyen a la biodiversidad y sostienen la vida en el medio rural; por lo que reconocer socialmente su papel, asegurar precios justos por sus productos y mejorar sus condiciones de vida son pasos imprescindibles para fortalecer el sector.

No se trata solo de producir más, sino de producir mejor, de calidad (como queda patente en los productos alaveses) y de valorar a quienes lo hacen posible.

Valor cooperativo y colaborativo

También como actores de ese camino al futuro están las cooperativas. En Álava, estas desempeñan un papel clave como red de apoyo para los productores. Más allá de la comercialización conjunta, ofrecen asesoramiento técnico, facilitan el acceso a insumos, impulsan la innovación y sirven de interlocutor ante las administraciones públicas.

Aparte, en un contexto de mercados globalizados y normativas complejas, la unión a través de cooperativas permite ganar dimensión, reducir riesgos y afrontar inversiones que de forma individual serían inviables. Son, en muchos casos, el puente entre la tradición familiar de las explotaciones y las nuevas exigencias de un sector en transformación.

Te puede interesar:

Como quedó patente el miércoles, los retos son evidentes y no desaparecerán a corto plazo. La adaptación normativa, el impulso al relevo generacional y la necesidad de seguir invirtiendo en innovación exigirán esfuerzo, diálogo y políticas públicas bien orientadas. Pero también es cierto que el agro alavés cuenta con fortalezas sólidas: conocimiento acumulado, productos de calidad reconocida, estructuras cooperativas fuertes y una creciente conciencia social sobre la importancia de lo local y lo sostenible.

Por todo ello, pese a las dificultades, el futuro del sector agrario en Álava está escrito en clave de evolución. Con apoyo, reconocimiento y capacidad de adaptación, el campo alavés puede seguir siendo un motor económico, social y ambiental, demostrando que tradición e innovación no solo pueden convivir, sino que de la mano son la mejor garantía de un futuro que perdura.