Comer cerca cuando el mundo falla
La geopolítica ha entrado en la cesta de la compra. Álava tiene respuestas, pero también cifras incómodas
E l barril de Brent supera los 110 dólares. Los fertilizantes se encarecen entre un 30 y un 60 por ciento por el conflicto en Oriente Medio. Los aranceles de Trump llevan un año activos sobre las exportaciones europeas. Y solo el 1% de los productos frescos que consume Vitoria-Gasteiz viene de Álava.
Durante décadas se ha hablado de energía como el gran eje geopolítico mundial. Petróleo, gas, minerales estratégicos. Hay un vector que está adquiriendo un peso similar y que no siempre ocupa titulares: la alimentación. La alimentación se ha convertido en un activo estratégico porque ya no hablamos solo de producción, sino de control de materias primas, fertilizantes, proteínas y cadenas logísticas globales.
La alimentación se ha convertido en un activo estratégico porque ya no hablamos solo de producción, sino de control de materias primas, fertilizantes, proteínas y cadenas logísticas globales
España necesita importar cerca de 22 millones de toneladas de cereales al año, produce 18, pero consume más del doble, y el 30% de sus importaciones de materias primas alimenticias procede de países fuera de la Unión Europea, según un análisis del Banco de España publicado en junio de 2025. Esta situación hace que, cada vez que una ruta comercial se bloquea o un proveedor encarece sus precios, ese 30% es el flanco expuesto.
El cierre del Estrecho de Ormuz a finales de febrero, y por el que transita el 43% de las exportaciones mundiales de urea, ha reproducido el patrón con los fertilizantes. El precio de la urea ha pasado de 450 euros por tonelada en diciembre a más de 650 euros; una subida del 44% en cuatro meses. Los fertilizantes representan entre el 15% y el 30% del coste total de producción en cultivos como cereales, hortalizas o cítricos. Un cerealista con una explotación de 150 hectáreas de secano podría acumular sobrecostes anuales cercanos a los 10.000 euros sumando fertilizantes y combustible.
Hace poco más de un año, el Banco de España ya advertía que la dependencia exterior de fertilizantes puede comprometer la seguridad alimentaria tanto como la dependencia de alimentos importados.
El Gobierno español ha tratado de paliar el impacto en la economía con ayudas de emergencia por valor de cinco mil millones de euros. Por su parte, el Gobierno Vasco ha sido una de las comunidades autónomas que más ayudas ha puesto en marcha, por un importe de 1.047 millones de euros, de los cuales 450 millones van dirigidos al apoyo financiero de pymes.
A esa presión se suma la guerra comercial de Estados Unidos con la Unión Europea. Los aranceles de la administración Trump llevan activos desde agosto de 2025, con un mínimo global del 10-15% sobre exportaciones europeas. En ese año, las exportaciones españolas a Estados Unidos han caído ya un 8%. Los productos de alimentación, que asciende a 3.084 millones de euros exportados, figuran entre los sectores más expuestos.
Mientras, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha alertado de subidas de precios en trigo, arroz y aceites vegetales a escala global como consecuencia del conflicto en Oriente Medio.
El reto de Álava
Álava se enfrenta a esta situación con un dato preocupante. Según el Centro de Estudios Ambientales (CEA), solo el 1% de los productos frescos consumidos en Gasteiz procede del Territorio Histórico de Álava. La ciudad, como la inmensa mayoría de las ciudades europeas, está integrada de lleno en el sistema agroalimentario globalizado. La ciudadanía alavesa no consume productos de cercanía pese a los esfuerzos de las administraciones locales.
Solo el 1% de los productos frescos consumidos en Gasteiz procede del Territorio Histórico de Álava
Lo que se come en Álava depende de cadenas largas, con fertilizantes importados, energía fósil para conservación y transporte, y múltiples intermediarios. Cada vaivén geopolítico o energético se transmite al precio final.
Sin embargo, un producto de kilómetro cero no está tan expuesto al precio del flete marítimo que atraviesa el Golfo Pérsico. Ni tampoco absorbe el sobrecoste del gasóleo del camión que recorre 2.000 kilómetros. Su cadena logística es más corta, y cada eslabón que se elimina es un punto de exposición a los shocks globales que desaparece.
Tampoco es una inmunidad total. El agricultor alavés también compra fertilizantes y también paga el gasóleo de su tractor. Pero la diferencia es sustancial. Según el análisis publicado en marzo de 2025 por investigadores del IMIDRA y la Universidad Politécnica de Madrid, los canales cortos de comercialización diversifican las redes de suministro y las hacen más flexibles ante disrupciones, eliminan intermediarios y reducen la dependencia de combustibles fósiles para el transporte. No son la solución total al problema, pero sí son una capa de amortiguación frente a la volatilidad exterior.
Lo que ya existe en Álava
Existen numerosas iniciativas que buscan fomentar la producción y compra de productos de cercanía gracias a financiación europea, estatal y autonómica.
Es el punto de partida de CROPS4LIFE, un proyecto europeo cofinanciado por el programa LIFE de la Comisión Europea y coordinado por el Centro de Estudios Ambientales del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz desde septiembre de 2023.
Su objetivo es construir un mercado alimentario local que ofrezca una alternativa al modelo dominante de alimentación global. Para ello se trata de aumentar la producción de alimentos frescos de origen cercano y reduciendo la dependencia exterior.
Por un lado, este proyecto busca impulsar la agricultura regenerativa en fincas del entorno de Vitoria-Gasteiz, con seis modelos de producción distintos: horticultura biointensiva, horticultura extensiva, cultivos de secano, fruticultura, ganadería diversificada y silvopastoreo.
Y, por otro, ha puesto en marcha ALEKO, el Espacio Test Agrario de Vitoria-Gasteiz. Se trata de un itinerario de formación y acompañamiento para personas que quieren iniciarse profesionalmente en el sector agroecológico. El objetivo es favorecer ese relevo generacional en el campo donde la media de edad del agricultor alavés es de 60 años.
Detrás de esta iniciativa hay un marco institucional más amplio. El Plan Estratégico de Gastronomía y Alimentación del Gobierno Vasco (PEGA 2030) abarca diversos proyectos para impulsar y promocionar el sector agroalimentario y prepararlo para adaptarse a los desafíos geopolíticos y medioambientales. Destaca el proyecto SENDO: un mecanismo de resiliencia de suministro que prevé contratos marco con organizaciones de productores locales, diversificación de fuentes y un observatorio sectorial para anticipar disrupciones. El Gobierno Vasco también participa activamente en el Food 4 Future de Bilbao este mayo de 2026, encuadrando su estrategia en torno a cuatro retos, uno de ellos explícitamente la dimensión geopolítica de la alimentación.
Lo que decides en el súper
Comprar productos de cercanía no es una moda gastronómica ni un nicho solo al alcance de consumidores concienciados. Su fomento puede consolidar la producción agraria local para que el acceso a los alimentos no quede al albur de los vaivenes de la globalización. Cuando alguien elige patata de Álava con sello Eusko Label en lugar de una importada, no toma una decisión de estilo de vida. Participa en un modelo de abastecimiento cuya lógica se vuelve más relevante cada vez que una crisis remota encarece el gasóleo, bloquea un estrecho o impone un arancel.
La resiliencia alimentaria no es una política pública abstracta: es la suma de decisiones de compra acumuladas a lo largo del tiempo
El sello Eusko Label identifica productos agroalimentarios de origen vasco con certificación de calidad diferenciada. En Álava existen también mercados de productores y puntos de venta directa donde la cadena entre quien cultiva y quien compra se reduce a unos kilómetros.
CROPS4LIFE, el proyecto europeo coordinado por el CEA, está construyendo precisamente esa infraestructura de conexión: productores formados en ALEKO que venden en circuito corto, sin intermediarios, en el entorno de Vitoria-Gasteiz. Las opciones existen.
Cuando los consumidores sostienen con su compra a esos productores, financian la capacidad productiva del territorio. Una explotación que sobrevive esta crisis es una explotación que sigue produciendo en la siguiente. La resiliencia alimentaria no es una política pública abstracta: es la suma de decisiones de compra acumuladas a lo largo del tiempo.
El CEA estima urgente escalar ese 1% hacia porcentajes que acerquen el sistema a una mayor autosuficiencia local. La pregunta que queda abierta es si la ciudadanía alavesa está dispuesta a cambiar ese dato. No por convicción ecológica, sino porque el mundo que pone en riesgo su cesta de la compra es el mismo que hace que comprar cerca tenga, hoy, más sentido económico que nunca.