Una exrecepcionista de una funeraria confirma el "reciclaje" tanto de ataúdes como de flores
En el juicio del 'caso ataúdes', asegura que todos los empleados del grupo estaban al corriente y que revendían los féretros tras el cambiazo
Una extrabajadora de Funeraria Castellana, quien ocupó el puesto de recepcionista y encargada de la cafetería del tantario viejo en Valladolid entre 2005 y 2006, ha ratificado que durante el tiempo que prestó allí sus servicios llegó a oír entre los empleados la palabra "reciclaje", un término del que inicialmente desconocía su trasfondo pero que más tarde le explicaron que consistía en dar el "cambiazo" a los ataúdes para, antes de su cremación, sustituirlos por otros mucho más baratos.
En la segunda jornada de testificales por el juicio del 'caso ataúdes' que se sigue en la Audiencia de Valladolid, la citada testigo, Sara Martínez Peña, ha ido todavía más allá y ha apuntado que esa práctica era sobradamente conocida por todos los empleados del grupo y que incluso provocaba más de una sonrisa cómplice entre ellos cuando salía a relucir dicho término.
Un millón de euros en el cuarto de la plancha
La ya exempleada es la misma que el día 31 de enero de 2019, una vez que la Policía Nacional explotó la 'Operación Ignis' con registros en instalaciones del grupo--en el dúplex del dueño del grupo fue intervenido en el cuarto de la plancha casi un millón de euros--y la detención de parte de los implicados, se puso en contacto telefónico con los investigadores para denunciar que conocía los hechos tras ver su repercusión en los medios de comunicación. Fue un amigo policía, como así ha precisado, quien le había recomendado contar lo que sabía.
Su testimonio de entonces lo ha vuelto a reproducir en sala para confirmar que tras escuchar la palabra "reciclaje" consiguió conocer finalmente, en el transcurso de una conversación informal con otros compañeros, que los féretros que contrataban las familias de los fallecidos no eran los utilizados en su proceso de cremación.
Tras el cambiazo revendían el ataúd y las flores
"Me dijeron que antes de la incineración, que no dejaban presenciar a los familiares, se daba el cambiazo al ataúd por otro más barato. El de más calidad se llevaba a un garaje y luego era de nuevo trasladado al tanatorio para su reventa, al igual de lo que se hacía con las flores, previa modificación de algunos de los elementos de estas últimas", ha ratificado la testigo, quien, en declaraciones recogidas por Europa Press, ha recordado el caso de un "arcón enorme" por su aspecto "espectacular y singular".
Despedidos por tomar copas fuera del horario laboral en la cafetería del tanatorio
La exrecepcionista, a preguntas del fiscal del caso, ha mantenido que su testimonio no está mediatizado por un supuesto rencor hacia la familia Morchón, y ello a pesar de su despido en 2006, junto con el de su novio, también trabajador del grupo, motivado por haber estado ambos tomando copas en la cafetería del tanatorio, fuera del horario de trabajo, y haber causado ruido.
La testigo, interpelada tan sólo por las acusaciones y una de las diez defensas, también ha explicado que si no denunció antes los hechos es porque en su día lo consultó con un amigo policía municipal y un periodista pero ambos le advirtieron de que no se podía hacer nada sin pruebas.
Mover los cadáveres a pulso
De este modo, a la pregunta que da pie al título del filme 'Solo o en compañía', sobre el crimen de los Urquijo llevado a la gran pantalla, el testimonio de la extrabajadora ha sido claro, al igual que el realizado la jornada anterior por el jefe del Grupo de Homicidios en Valladolid e instructor de las diligencias policiales cuando afirmó que la operativa investigada no pudo hacerla una sola persona, dado que el movimiento de cadáveres se hacía a pulso y requería el auxilio de varias, y que incluso se precisaba de la logística correspondiente.
También ha 'desfilado' por la sala otra recepcionista, todavía en activo tras más de veinte años, quien ha negado estar al corriente de los hechos ni de que una vez abierto el tanatorio nuevo en febrero de 2013, con su correspondiente horno, las cremaciones no se efectuaran en la nueva instalación y se llevaran a cabo en el cementerio de Santovenia, ya sin presencia de las familias de los finados para facilitar la sustitución de los féretros buenos por otros de más baja calidad e incluso palés.
Extorsión para que le subieran la base de cotización
El fiscal le ha enumerado hasta medio centenar de casos seguidos mediante esta dinámica, según aparecen recogidos en la ingente prueba atesorada durante veinte años por Justo Martín Garrido, el trabajador ya fallecido que trató de utilizar dicho material para extorsionar a la familia Morchón al objeto de que le subieran la base de cotización para que le quedara un jubilación más ventajosa. Sin embargo, la testigo María Belén Velasco ha insistido en que no conocía que las cremaciones se derivaban al cementerio, a espaldas de las familias de los fallecidos, para proceder al 'cambiazo' con más garantías.
"No sé nada de eso. Sí sé que el horno del nuevo tanatorio dio muchos problemas y quizás por eso hubo casos en los que las incineraciones se tuvieron que llevar a Santovenia", ha respondido la testigo.
Amenazas de los empleados para cobrar atrasos
Tampoco recuerda un escrito que le ha sido mostrado en el que, supuestamente, los trabajadores del grupo llegaron a amenazar a la familia Morchón con contar lo que se estaba haciendo en sus instalaciones si no les abonaba los atrasos acumulados de los últimos tres años, negativa que, al parecer, justificaba la empresa aduciendo que la funeraria estaba dando pérdidas.
La todavía recepcionista de Funeraria Castellana ha insistido en que no estaba tampoco al corriente del intento de extorsión por parte de Justo Martín, de quien recuerda que no se llevaba bien con el resto de empleados, ni de nada de lo que éste denunciaba, hasta que en enero de 2019 entró la policía de forma repentina en las instalaciones del grupo. "Al ver a los agentes con metralleta no sabía qué pensar, estábamos todos impactados", ha espetado.
Acusadas 23 personas, entre ellos la viuda y tres hijos del fundador
En idénticos términos, es decir, la negación de cualquier actividad delictiva en el seno de la empresa, se han posicionado la también trabajadora Gemma Parra Sanz, y la encargada de la contabilidad, María Ángeles García-Porrero, mientras que la que no ha llegado a testificar, al acogerse a su derecho de no hacerlo, ha sido Fe Antonia Morchón, hermana del magnate fallecido del grupo funerario.
El juicio entra este miércoles en la tercera jornada de testificales de un proceso judicial que se dilatará hasta el mes de junio. El Ministerio Público dirige su acusación contra un total de 23 personas físicas, entre ellas la viuda y los tres hijos del fundador, para quienes solicita las penas más elevadas por delitos de organización criminal, estafa continuada, apropiación indebida, contra el respeto a los difuntos, blanqueo de capitales y falsedad documental. Como responsables civiles subsidiarios figuran las empresas Agencia Funeraria Castellana S.A. y Parque El Salvador S.L..
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