El Algarve en verano: mucho más que sol y playa
El sur de Portugal guarda tesoros que, a menudo, se ven opacados por el protagonismo de las famosísimas costas portuguesas
Son muchos los vascos que eligen Portugal como destino de vacaciones cuando buscan compaginar buen clima, gastronomía y diversidad de paisajes. Sin embargo, no todo es playa. Si te gusta el senderismo, el sur luso ofrece una alternativa perfecta para ponernos las botas y huir de las aglomeraciones que suelen generar cerca de la costa. El Algarve ha sido reconocido este año 2026 como el "tercer destino europeo más recomendado para caminar por la revista alemana Trekking Magazine", una distinción otorgada por los propios lectores que sitúa a esta región solo por detrás de los Dolomitas y la Bretaña francesa.
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Durante los meses de verano, el Algarve suele registrar temperaturas altas y un clima muy seco y soleado, con máximas que habitualmente rondan o superan los 30 grados en los meses de verano. Estas condiciones convierten a la región en uno de los destinos más populares de Europa, especialmente entre quienes buscan sol y mar.
Gran parte del turismo se concentra en sus conocidas playas y calas rodeadas de acantilados, dejando de lado las espectaculares estampas del interior del territorio.
Tres rutas clave
Para entender el éxito de este destino, existen tres rutas principales que nos acercan a las diferentes versiones de la región. La más accesible y famosa es la Ruta de los Siete Valles Colgantes, un trayecto costero de casi trece kilómetros que discurre sobre acantilados y que ofrece panorámicas de las calas más icónicas del sur portugués. Al tener muy poco desnivel, es un recorrido cómodo y perfecto para toda la familia. Además, la cercanía de la costa posibilita que nos demos un chapuzón al terminar la ruta.
Quienes busquen una experiencia más auténtica disponen de la Ruta Vicentina, que recorre todo el parque natural del suroeste mediante pistas de pescadores al borde del Atlántico. Por el contrario, para descubrir la faceta más desconocida y desconectada de la zona, la Vía Algarviana cruza el territorio por el interior desde Alcoutim hasta el Cabo de São Vicente, poniendo el foco en los pueblos, la arquitectura de la zona y los caminos rurales.
Esta última vía es, al igual que la Ruta Vicentina, una vía larguísima. Con lo cual, es recomendable elegir tramos de las mismas y controlar la distancia que recorremos, especialmente en verano.
Dónde parar a comer
La gastronomía es otro de los puntos fuertes del Algarve y la zona cuenta con opciones excelentes muy bien valoradas en las aplicaciones especializadas. En la costa oeste, en pleno entorno de la Ruta Vicentina, la localidad de Aljezur alberga el restaurante Pont 'a Pé, un rincón muy popular para probar la cocina tradicional de la zona, donde destacan los arroces caldosos, el pulpo y los pescados y mariscos frescos del día.
Si la ruta elegida se adentra en la sierra de Monchique, una parada estratégica es el restaurante Luar da Fóia. Este establecimiento, muy recomendado en los portales más utilizados, destaca por sus platos de cerdo y sus recetas caseras de montaña, ofreciendo además un mirador espectacular para comer con vistas a todo el relieve interior del Algarve.
Pueblos a destacar
Aunque gran parte del turismo se concentra en la costa, el interior del Algarve esconde algunos de los pueblos con más encanto de Portugal.
Localidades como Monchique destacan por su entorno, sus calles y sus impresionantes vistas desde la sierra, convirtiéndose en uno de los destinos más recomendables para quienes buscan un Algarve diferente. También merece una visita Silves, considerada una de las ciudades históricas más importantes del sur del país gracias a su castillo árabe, su patrimonio y su ambiente tradicional. Más al este, pueblos como Alte también merecen una visita para visitar sus casas blancas, fuentes y calles empedradas. Estos rincones nos acercan a descubrir una cara mucho más tranquila y cultural del Algarve, lejos de las ya clásicas playas masificadas y del turismo de costa.
