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Valle de Ossau: planes de naturaleza en la joya más espectacular de los Pirineos

El valle de Ossau ofrece unos escenarios naturales excepcionales: parques nacionales, pueblitos auténticos, lagos mágicos, soberbia alta montaña, y una fauna y una flora vibrantes, que invitan al visitante a dialogar con la naturaleza, saborearla, y enamorarse de ella

Valle de Ossau: planes de naturaleza en la joya más espectacular de los PirineosPhototheque ADT Tourisme 64

Al viajero o la familia que decide conocer el Valle de Ossau se le presenta un problema. Son tantas las opciones que brinda este destino que no tiene más remedio que priorizarlas. ¿Descubrir los pueblos con su fuerte identidad, sus tradiciones locales, su artesanía y su envidiable gastronomía? ¿Extasiarse frente a sus lagos de alta montaña, auténticos espejos del cielo? ¿Ascender a sus puertos míticos con la promesa de disfrutar de unas panorámicas inolvidables? ¿Explorar las mesetas apacibles donde se cruzan los rebaños en trashumancia estival? ¿Admirar su patrimonio arquitectónico? O para los comodones, curiosos y todos en general: ¿Qué tal tomar un tren de altura de vía estrecha hasta los dos mil metros de altitud?

Tren de Artouste atravesando un acantilado.

Un tren de altura

Aunque el valle de Ossau es un destino idóneo para los amantes de la naturaleza, las actividades al aire libre, el senderismo, el cicloturismo, y las ascensiones de los puertos míticos de Aubisque y Portalet, no hay que descartar como primera opción un viaje de altos vuelos suspendido entre el cielo y las cumbres. Es la propuesta del Tren de Artouste, un ferrocarril de vía estrecha que presume de ser el más alto de Europa. Se trata de disfrutar de un paseo de una hora a casi 2.000 metros de altitud, por la ladera de la montaña y sus acantilados, ofreciendo unas vistas tan vertiginosas sobre el valle, que evitas parpadear para no perderte ni una.

El tren, con el pico Midi d'Ossau al fondo.

La excursión del Tren de Artouste es tan atractiva que despierta ese extraño deseo de desear que nunca acabe el viaje, o, para ser más realista, que se demore el final lo más tarde posible.

Aparte de admirar su riqueza en flora y fauna, los más afortunados podrán acercarse a ver las intrigantes marmotas. El trayecto finaliza cerca del hermoso lago de Artouste. Se accede al tren desde el pueblo de Laruns, a 20 km, o desde el puerto de Portalet.

Vista del valle de Ossau desde la ruta de Benou. Al fondo, el pueblo de de Bielle.

Pueblos auténticos

A lo largo y ancho del valle de Ossau, nos encontramos con pueblos de fuerte identidad, que se abren al visitante, pero sabiendo preservar su esencia y sus curiosas tradiciones. Como la de Aàs, con su lenguaje silbado. En este pueblo los jóvenes no sólo aprenden el lenguaje occitano, sino el silbado. Éste no es más que la palabra silbada reproduciendo el sonido onomatopéyico de la frase. Los pastores de esta zona lo usaban para comunicarse entre ellos a través del eco de las montañas. La frase silbada podía viajar varios kilómetros.

En el mundo sólo se conocen otros dos lugares más que emulan los tonos vocálicos de este ancestral medio de comunicación: La Gomera (Islas Canarias) y Grecia. A diferencia del silbo gomero, el de Aàs se basa, lógicamente, en el bearnés (occitano). Esta tradición casi desapareció, pero hoy existe en la Universidad de Pau un departamento para su estudio y práctica, a la que se puede asistir como visitante para escuchar esta técnica de comunicación silbada Esto demuestra que la invención es la madre de la necesidad.

Puerta de una casa antigua en Bielle.

Patrimonio arquitectónico

Más allá de esta singularidad, cada pueblo del entorno tiene una característica particular que lo define. El de Arudy, por ejemplo fue un centro importante de extracción de la Piedra de Arudy, muy cercana al mármol gris, la cual lleva el sello de Indicación Geográfica (IG), lo que subraya su calidad y origen. Aquí, cada piedra, cada fachada, tiene una historia que contar. Nada que ver con la idea de que la historia no es más que un trozo de papel manchado con tinta que puede romperse o quemarse.

El pueblo tiene un llamado Circuito del Patrimonio de la Piedra, que permite descubrir casas construidas con esta piedra tallada y grabada, incluyendo la Maison d’Ossau (siglo XVII). Este mármol se ha utilizado durante siglos para la construcción, la escultura y la decoración, con una reputación que se extiende más allá de la región. La piedra natural de Arudy es tan emblemática que se utiliza para fabricar recuerdos locales, como sus conocidos llaveros.

Vista aérea de la estación termal Euax-Bonnes.

Asimismo, en cualquier ruta puede encontrarse un interesante patrimonio arquitectónico. Más allá de sus parajes, en el valle de Ossau pueden verse casas de los siglos XVI y XVII con esculturas y la arquitectura del Segundo Imperio de la estación termal Eaux-Bonnes, construida para la emperatriz Eugenia de Montijo, con su capilla del siglo XII. A veces, se aprende más viajando ¡que consultando una enciclopedia!

En el mismo entorno, un camino de sirga que bordea el Gave d´Ossau te conduce a un hermoso lago natural para pasear y descubrir los humedales de Saliguey, desde donde se disfruta una hermosa vista del pueblo catalogado de Castet. En su meseta aparecen horizontes apacibles, donde se cruzan los rebaños en trashumancia estival y la mirada de los pastores, guardianes de un saber milenario.

Y si de degustar especialidades gastronómicas locales se trata, no te olvides de tomar la sopa tradicional garbure, el cordero lechal de los Pirineos con IGP y sello Label Rouge, la trucha, ya sea ahumada, en terrina o tartar, los quesos, entre los que destacan el de oveja puro y el fromage d´estive, elaborado con la leche recogida durante la trashumancia, más aromática, o el vino de Jurançon, de aroma afrutado. Eso sí, nunca comas más de lo que puedas levantar.

Una cabaña de montaña para trabajadores junto a un lago.

Emociones en el Valle de Ossau

Este bucólico valle de Ossau parece un escenario abierto para el disfrute de los sentidos. Las cuatro estaciones, la fauna y la flora prosperan libremente: rebecos, marmotas, buitres leonados y quebrantahuesos componen una sinfonía salvaje. Pero la emoción más fuerte es encontrarte con un oso pardo. Es muy complicado, pero si ves alguno, quédate quieto. Si corres, eres ya una presa. Pero no hay que alarmarse. Ver osos pardos en libertad no es fácil debido a su naturaleza esquiva y la baja densidad (hay unos 50 ejemplares en la región, gracias a las iniciativas de reintroducción).

Pastoreo de verano por los lagos de Ayous.

Pero el Parc´Ours, en el propio valle, es la mejor y posible opción para observarlos en semi-libertad con un poco de suerte y siempre acompañado de un guía. La mejor época para ello es de finales de abril a finales de agosto, coincidiendo con el periodo de celo y mayor movimiento.

La flora en el valle es también espléndida: flores de genciana, cardos azules, zapatitos de venus son los que puedes contemplar sin jamás recogerlos. La recomendación respeta la filosofía de Osho: “Si amas una flor, no la cortes, porque si lo haces, ésta morirá (se marchitará) y dejará de ser lo que amas). Entonces, si amas una flor, déjala ser. El amor no se trata de posesión, se trata de apreciación”.