La deuda pendiente del Estado con Gernika 89 años después del bombardeo
El Gobierno de Sánchez ha realizado gestos como la declaración de condena o su presencia en los actos, pero no ha llegado a atender las demandas de perdón, se niega a trasladar el cuadro de Picasso y evita una representación de máximo nivel
Tal día como hoy hace 89 años, las aviaciones del régimen nazi y del italiano descargaron sus bombas sobre Gernika en un ataque salvaje contra la población civil, una masacre que fue orquestada a las órdenes del golpista Francisco Franco. La ofensiva aérea del 26 de abril de 1937 no fue la única que sufrieron las poblaciones vascas, pero se convirtió en un símbolo universal contra la barbarie y a favor de las libertades que adquiere mayor vigencia si cabe en tiempos de amenaza totalitaria en el mundo. Gernika recibirá este domingo el respaldo de la inmensa mayoría de la clase política vasca, y estarán presentes en el acto principal tanto el lehendakari Pradales como el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez López, y un representante de Alemania, que ya envió el pasado mes de noviembre al presidente Frank-Walter Steinmeier para que reconociera de viva voz y en persona la responsabilidad histórica de su país en los hechos. Este gesto ya lo había realizado por carta Roman Herzog en 1997 y, hasta la fecha, las autoridades españolas no han seguido su ejemplo.
El Gobierno español liderado por el socialista Pedro Sánchez ha realizado gestos inéditos para tratar de reparar el dolor sufrido por Gernika, pero no ha llegado tan lejos como hubieran deseado las autoridades locales, partidos como el PNV y EH Bildu, o los familiares que piden una declaración expresa de perdón o de reconocimiento explícito de la responsabilidad del Estado. No se ha producido una visita en persona del presidente Sánchez al máximo nivel, la asistencia de los ministros ha sido intermitente y han terminado delegando en el secretario de Estado, y el Ejecutivo tampoco quiere estudiar el traslado temporal del Guernica de Picasso durante nueve meses a partir del próximo octubre para que se pueda exhibir en el museo Guggenheim de Bilbao con motivo del 90º aniversario del Gobierno de Aguirre y de este bombardeo. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, de Sumar, se agarra a los informes de los técnicos del museo Reina Sofía de Madrid para no escuchar más opiniones de los expertos en traslados.
El portazo de Urtasun con el ‘Guernica’ choca con su promesa de descentralización
Es cierto que Sánchez ha querido mostrar su sensibilidad con la memoria histórica. Bajo su mandato, y en especial a partir del 85º aniversario de la masacre, se ha aprobado la primera declaración de condena del Consejo de Ministros (se aprobó en 2022, se refería a Gernika como símbolo del autogobierno y las libertades vascas, y proclamaba su “condena sin paliativos” ante el ataque), y también en 2022 acudió por primera vez un representante del Estado al homenaje (lo hizo el secretario Fernando Martínez, que ahora repite, aunque en los dos años posteriores la delegación tuvo un rango superior con el ministro Félix Bolaños en 2023, y el ministro Ángel Víctor Torres en 2024, algo que no ha vuelto a ocurrir aunque se llegó a anunciar su presencia). El Gobierno español ha puesto también en valor que Gernika-Lumo fue el primer expediente incoado como lugar de la memoria al amparo de la ley de Memoria Democrática.
Todos esos pasos fueron valorados como avances importantes pero parciales para el PNV y EH Bildu y para los familiares que reclaman otros gestos, sobre todo, a la luz de la responsabilidad histórica que ha asumido Alemania. La fotografía de noviembre añadió más presión al Estado: el presidente alemán depositó una corona de flores en el mausoleo e hizo unas declaraciones en clave de reparación, mientras el rey español Felipe VI hacía mero acto de presencia.
La carta
La demanda viene de lejos, pero en 2021 ganó visibilidad pública. Emilio Aperribay, superviviente del bombardeo, entregó una carta al entonces lehendakari Urkullu para que se la hiciera llegar al presidente Sánchez y para que Gernika pudiera conseguir ese resarcimiento pleno. Urkullu entregó la carta al presidente español y se ofreció a acompañarlo si decidía venir en persona para visitar el lugar y realizar ese gesto. Unos meses después, Sánchez viajó a Euskadi para asistir a la proclamación de Eneko Andueza como líder del PSE en Bilbao, y después visitó unas empresas en Zamudio. Ni rastro de Sánchez en Gernika. La fecha se prestaba a un gesto de esas características, porque el congreso socialista fue el 21 de noviembre, y un día antes se cumplió el aniversario de la muerte del dictador.
El ejemplo alemán y la contradicción con la conquista de América
La cuestión es que el PSOE no cree que el Gobierno español deba pedir perdón, porque no se considera heredero del franquismo, y porque los propios socialistas fueron víctimas del golpe y estaban alineados con el legítimo gobierno de la república. Pero las peticiones no se dirigen al PSOE como partido, sino al Gobierno español como institución del Estado, que durante las cuatro décadas de Franco difundió toda clase de bulos sobre la autoría del bombardeo.
Alemania no es heredera del nazismo y, en puridad, en su caso, sí hubo ruptura con el Tercer Reich de Hitler, ya que sus integrantes fueron juzgados por las potencias aliadas y tanto el partido nazi como todos sus símbolos están prohibidos. A pesar de ello, ha asumido su responsabilidad. En el Estado español, no hubo ruptura sino transición, hasta el punto de que Juan Carlos I se convirtió en rey porque Franco lo designó como sucesor en 1969. ¿La responsabilidad de un Estado subsiste con independencia de quién lo lidere en cada momento? Algo similar debió pensar a finales del año pasado el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, cuando reconoció el “dolor e injusticia hacia los pueblos originarios” de México durante la conquista de América. Aunque el episodio se remonta a los Reyes Católicos, situó los hechos dentro de “nuestra historia compartida”. Para más inri, Felipe VI reconoció también que hubo “mucho abuso y controversias éticas”.
No hubo toma de palabra del monarca en la visita que realizó Alemania a Gernika en noviembre. El presidente Frank-Walter Steinmeier reconoció la “responsabilidad histórica” de Alemania, mientras el Gobierno español se hacía a un lado con una delegación de perfil más bajo (estuvieron el secretario para la UE Fernando Mariano Sampedro y la delegada Marisol Garmendia). El rey español no hizo ninguna declaración. En sentido estricto, el acto era de Alemania, pero el Estado español no hizo nada por ponerse a su altura. Cabe recordar que, en mayo de 2022, el PSOE acordó una moción con el PNV en el Senado para que el Estado realizara un “acto de desagravio”. El bombardeo cumplirá 90 años el año que viene, pero Sánchez ha dejado pasar otros aniversarios redondos sin arriesgar: ocurrió con los 40 años de la muerte de Mikel Zabalza tras su detención, aniversario que se esfumó sin desclasificar los documentos secretos; o los 50 años del 3 de marzo de Gasteiz, donde el Consejo de Ministros aprobó una condena que no mencionaba el papel del Estado.
El ataque
Día de mercado. El bombardeo de Gernika se llevó a cabo por deseo de los golpistas de Franco y lo perpetraron la Legión Cóndor alemana y la aviación italiana un lunes, día de mercado. Por lo tanto, la localidad estaba repleta de gente. El ataque comenzó sobre las 16.30 de la tarde. Las campanas de la iglesia de San Juan de Ibarra empezaron a tañer para alertar a la población de lo que estaba por llegar. Esta iglesia quedaría después destruida por el ataque, aunque su campana se conserva y es la que a día de hoy sigue sonando en los homenajes anuales en recuerdo de las víctimas. Las bombas comenzaron a caer hacia el puente, pero después llegaron más oleadas hacia la iglesia y sobre los edificios, en pleno núcleo de Gernika, y los cazas dispararon metralla hacia las personas que trataban de poner a salvo su vida y buscar un refugio seguro.
Un símbolo. Este no fue el único bombardeo sobre una población vasca, pero se convirtió en un símbolo universal que también inmortalizó Picasso en su obra Guernica. Era, como lo es ahora, la sede de la Casa de Juntas, el Árbol de Gernika y el símbolo de las libertades vascas. El lehendakari José Antonio Aguirre, el primero de la historia, había jurado su cargo allí el 7 de octubre de 1936, tan solo unos meses antes.
Petición
El traslado del ‘Guernica’. El homenaje de este año coincide con el debate que han abierto el lehendakari Pradales y la vicelehendakari Bengoetxea sobre la necesidad de trasladar el Guernica de Picasso para que se pueda exhibir la obra durante nueve meses en el Guggenheim de Bilbao. Quieren exhibir el cuadro entre el próximo 1 de octubre y el 30 de junio de 2027, aprovechando el 90º aniversario del Gobierno de Aguirre y del bombardeo sobre Gernika, que se cumple el año que viene. El ministro Urtasun no quiere estudiar el traslado y se agarra para ello a los informes de los técnicos del museo Reina Sofía de Madrid, sin escuchar otras opiniones de expertos en traslados de obras o técnicos internacionales. Bengoetxea no arroja la toalla y no es que pida al Estado que le dé la razón, sino que lo analice y no le dé carpetazo sin ver si es posible. La vicelehendakari ha mencionado otros ejemplos recientes de obras más antiguas, y ha llegado a decir que, si es necesario un camión con cámara de vacío para mantener constantes los valores de humedad y temperatura, se podría estudiar si hay empresas que ofrecen este servicio. Para el PNV, sería un gesto político de reparación, en un contexto en que el Estado no ha llegado a pedir perdón.
Temas
Más en Política
-
La Audiencia Nacional examina este lunes a Pujol para decidir si lo exime por demencia
-
El Congreso derogará el martes salvo sorpresa el decreto que prorroga los alquileres
-
Pradales evoca Gernika para reclamar un "nuevo contrato social global" por la paz y la democracia
-
La razón de la fuerza frente a la fuerza de la razón