- Como era de esperar, el acercamiento entre España y Marruecos cayó como una bomba entre los socios del PSOE en el Gobierno español, entre los partidos que forman la mayoría de la investidura y, por descontado, entre la oposición. En el seno del propio Ejecutivo, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, marcó distancias con Pedro Sánchez y dijo que la resolución del conflicto sobre el Sáhara Occidental debe pasar “por el diálogo y el respeto a la voluntad democrática del pueblo saharaui”.

La líder de Podemos, Ione Belarra, afirmó que España “no debe apartarse del derecho internacional” y que este conflicto exige “una solución política justa, duradera y aceptable” para todas las partes de acuerdo con las resoluciones de la ONU, “que prevea la libre determinación del pueblo saharaui”.

El portavoz de EH Bildu en el Senado, Gorka Elejabarrieta, acusó al presidente español de “negar al pueblo saharaui el legítimo derecho a la autodeterminación”, mientras el PP y C’s pidieron que comparezca para dar explicaciones. Como contrapunto, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dio por cerrada la crisis con Marruecos y llamó a centrarse en Ucrania.