un amigo me dijo, en su día, que la conferencia de Aiete le había parecido un caso de traslación del pensamiento mágico al terreno de la política. Según su criterio, del mismo modo en que unos hacen la danza de la lluvia y otros procesiones para que llueva, aquéllos -políticos, principalmente- celebraron una conferencia internacional -un rito- para propiciar el fin del terrorismo. Algo de eso quizás hubo en Aiete, pero soy de la opinión de que más que rito mágico -y aunque no tienen por qué ser excluyentes-, aquello fue la representación de una función teatral.
Hace unas semanas, con ocasión de la convocatoria y celebración de la tradicional manifestación postnavideña de la izquierda patriótica, ya me referí a la querencia de ésta por las representaciones teatrales. Ayer tuvimos otra. Sólo que en la representación en el Carlton también actuaron, de forma vicaria, los miembros de la denominada Comisión Internacional de Verificación. La BBC, por su parte, aportó el necesario elemento televisivo a la, por otra parte, no muy lucida performance. A tertulias radiofónicas, televisivas y -no podía faltar- tuiter, les tocó la parte coral. Y fiel a su cita con los espectadores, llega hoy, un día después, la crítica.
Algunos tenemos verdaderas dificultades, por no decir imposibilidad absoluta, para entender la importancia que se da a estas cosas, la que les otorgan los medios y -lo que me resulta aún más llamativo- la que les conceden nuestros representantes políticos. Todos estos elementos, los previos, la rueda de prensa, el vídeo, las reacciones, las tertulias y programas especiales, las columnas de opinión -ésta incluida-, han sido y son puro espectáculo, teatro al servicio de un fin. Y el fin es conceder a ETA una forma de salir de escena con un cierto boato. Tantos años de asesinatos, extorsiones y amenazas, tantas décadas condicionando la vida política en Euskadi y también en España, no tendrán nunca justificación ante la mayoría de la población. Pero lo malo para ellos, y también para quienes les han apoyado durante todos estos años, es que se han visto obligados a abandonar, a retirarse, sin nada a cambio. Por eso recurren al rito, porque el rito al menos puede proporcionar una cierta solemnidad, incluso a la miseria. Debe de ser difícil justificar ante uno mismo y ante los suyos décadas de asesinatos, extorsiones y amenazas, décadas que han acabado siendo del todo estériles, muy difícil. Pero sin rito, sin cierta escenificación, sin esa mezcla de ambas cosas -cual si de auto sacramental se tratara- la justificación resulta quizás imposible. Entiendo que la izquierda patriótica le otorgue gran importancia a todo ello, también que se la den los movimientos sociales dedicados a estos menesteres. Pero no entiendo el eco que han tenido en los representantes políticos e institucionales, ni la cobertura que ha recibido por parte de los medios. Algo se me debe de escapar.
Según el diccionario de la Real Academia Española, alharaca es una "extraordinaria demostración o expresión con que por ligero motivo se manifiesta la vehemencia de algún afecto, como de ira, queja, admiración, alegría, etc". Pocas veces una definición del diccionario de la Real Academia me ha parecido tan acertada para retratar algún elemento de la actualidad como la de la palabra alharaca para las noticias y declaraciones de estos días en relación con el auto sacramental del Carlton. Y por cierto, el desenlace me ha confirmado esa impresión.@Un_tal_Perez