Japón, unas elecciones no tan lejanas
Aunque la lejanía geográfica pueda inducirnos a pensar que las recientes elecciones japonesas nos resultan ajenas (coincidiendo además en la misma fecha, 8 de febrero, con las mas próximas para nosotros, autonómicas en Aragon y también presidenciales en Portugal), no está de más dedicarlas algo de atención ya que en el mundo actual las distancias territoriales han de ser relativizadas y lo que ocurre en escenarios lejanos puede tener repercusiones en nuestro entorno más próximo. En el caso concreto que nos ocupa, no hay que olvidar que Japón es un actor muy cualificado en el escenario internacional y que lo que allí ocurra puede repercutir, como efectivamente así sucede, a escala global y, en particular por lo que a nosotros respecta, en el área geográfica europea, en la que estamos ubicados y que no es ajena a los cambios que puedan producirse en otros escenarios, por distantes territorialmente que estén.
Hay que tener presente que el área geográfica del norte del Pacífico, en la que está situada Japón, constituye hoy uno de los escenarios claves a escala global ya que es en él en el que las dos principales potencias en el momento actual –China y EEUU– dirimen sus diferencias. Y en este marco, que es el realmente existente a día de hoy, no resulta irrelevante cual va a ser la orientación política que siga a partir de ahora el nuevo Gobierno japonés, actor principal en la zona (junto con las dos potencias reseñadas, China y EEUU); sobre todo, cuando ésta depende de los resultados de elecciones como las que han tenido lugar hace unos días en Japón, en las que se han producido novedades que conviene tener en cuenta ya que pueden marcar el desarrollo de los acontecimientos en este próximo periodo.
Hay en estas elecciones parlamentarias japonesas algunos rasgos distintivos que es preciso reseñar. En primer lugar, que se trata de unas elecciones anticipadas cuando no se había cubierto aun ni un tercio de la legislatura tras las anteriores (octubre 2024), que también fueron anticipadas, lo que da cuenta de las dificultades en estos últimos años para garantizar la normal continuidad de las legislaturas; a lo que hay que añadir la sucesión de gobiernos (cuatro Primeros Ministros desde 2020, cuando se produce el relevo de Shinzo Abe). Por otra parte, estas elecciones, convocadas cuando faltaban mas de dos tercios de la legislatura, han sido una iniciativa personal de la atípica primera ministra, Takaichi, para reafirmarse en el cargo que ya ocupaba desde el pasado octubre. Y, por ultimo, estas elecciones han dado lugar a un cambio radical en la composición del Parlamento japonés, en especial por lo que se refiere a la aplastante mayoría, la mayor hasta ahora, conseguida por la actual primera ministra al frente de su partido, el PDL, que viene ocupando el gobierno nipón de forma casi ininterrumpida (con tan solo dos breves paréntesis, en 1993-94 y 2009-12) en los últimos setenta años.
Pero mas importante que los cambios producidos en la composición del Parlamento japonés, son los cambios que pueden producirse a partir de ahora en la orientación de la política japonesa, con el respaldo de la amplia mayoría parlamentaria conseguida en estas elecciones, que supera los dos tercios (316 sobre 465) de los miembros de la Cámara; lo que no se había dado hasta ahora y que permite al nuevo Gobierno llevar a cabo el programa de reformas anunciado por la Primera Ministra electa. Interesa llamar la atención sobre el hecho de que, de acuerdo con las propias manifestaciones de la Primera Ministra, estas reformas suponen introducir cambios radicales en la orientación seguida hasta ahora con el fin de emprender un nuevo rumbo que permita abrir procesos de reactivación económica con los que poner fin a la situación de estancamiento crónico que ha venido experimentando Japón durante estos últimos años.
Se trata de unos cambios que, a juzgar por los términos en que son planteados por sus propios autores, se inscriben en la orientación del radicalismo económico liberal de inspiración tatcheriana, del que la propia Primera Ministra, Sanae Takaichi, se proclama abiertamente una convencida seguidora. Teniendo en cuenta que la aplicación del recetario económico liberal tatcheriano va a tener inevitablemente efectos cuya repercusión en los sectores sociales mas vulnerables no va a ser precisamente beneficiosa, habrá que ver cual va a ser su reacción ante la nueva situación generada como consecuencia de las medidas adoptadas para llevar a cabo los cambios anunciados. Hay que tener presente que Japón es un país que mantiene un alto grado de protección social que es difícilmente compatible con muchas de las medidas propugnadas por el radicalismo liberal económico que va a guiar la acción del nuevo Gobierno, con su Primera Ministra al frente, surgido de estas elecciones.
Una atención especial merece el anuncio de revisar el estatus de Japón en el ámbito de la Defensa, proclamando la intención de reformar el art. 9 de la Constitución que limita la capacidad militar de Japon a unas Fuerzas de Autodefensa, sin posibilidad de emprender actividades militares fuera de sus fronteras y sin relación con la propia autodefensa. Se trata de un objetivo que, a pesar de ser ajeno a la experiencia constitucional japonesa (la Constitución, aprobada en 1946, no ha tenido ninguna modificación en sus ocho décadas de vida), ha venido siendo barajado últimamente como globo sonda por algunos sectores (en particular bajo el liderazgo del exprimer ministro Shinzo Abe, referente político de la actual jefa del ejecutivo, Sanae Takaichi) pero que ahora, tras las recientes elecciones y a la vista de los resultados obtenidos en ellas y de las posiciones políticas que mantiene la actual Primera Ministra, tiene todas las posibilidades de convertirse en realidad.
De ser así, no existiría obstáculo alguno, como ocurría hasta ahora, que impida la apertura de un proceso de rearme sin limitación alguna de Japón; lo que supondría el cambio mas importante en el área del extremo oriente desde la II Guerra Mundial, cuyas consecuencias resulta difícil evaluar en el momento actual pero que, sin duda alguna, daría lugar a una situación completamente distinta de la actual. Ello, además, sintoniza plenamente con las tendencias dominantes en el momento actual, impulsadas sobre todo por EEUU, que propugnan un fuerte aumento a escala global del gasto militar, cuyas principales beneficiarias serían la industria y empresas armamentísticas estadounidenses, que ostentan el liderazgo indiscutible en este terreno. Y, asimismo, permitiría a EEUU centrar su actividad y reforzar sus posiciones, con la ayuda de un Japón rearmado bajo su tutela, en un área que ha pasado a ser prioritaria ya que es en ella en la que se sitúa el escenario principal de la confrontación con su principal rival, China.
Está por ver cual va a ser la reacción de China, lo que resulta determinante, ante la nueva situación creada en el área del Pacífico-Norte tras el rotundo triunfo en las recientes elecciones de la actual Primera Ministra japonesa y la nueva mayoría parlamentaria que la respalda, la mas amplia hasta ahora. No resultan a este respecto nada tranquilizadoras las alusiones sobre Taiwan, afirmando que constituye un asunto de seguridad para Tokio, donde al mismo tiempo EEUU tiene su principal asentamiento militar (junto con Japon) de forma permanente en esta área; y que para China es un asunto irrenunciable, como viene anunciando ininterrumpidamente desde que este territorio se convirtió en una entidad independiente bajo la tutela norteamericana.
Y está por ver también cual va a ser la reubicación de la UE en el nuevo marco que se está generando a escala global, en el que los cambios derivados del reposicionamiento de Japón (y de EEUU) en el lejano escenario del Pacífico Norte no va a dejar de tener repercusiones en el muy cercano para nosotros del Atlántico Norte, en el que la UE, de la que formamos parte, va a verse afectada. Conviene ser consciente de ello para poder adoptar, en el marco de la UE que es en el que hay que actuar en asuntos que tienen dimensión global como es el caso, las medidas necesarias para no quedar marginados en la reconfiguración del mapa global que está teniendo lugar –Japón, tras estas elecciones es una muestra de ello– y que, a no dudar, va a seguir produciéndose en los próximos años en unos términos que están por determinar pero que, en cualquier caso, no pueden ser ignorados.