Responder y denunciar

Llevo toda la semana comprobando que todavía me queda capacidad de sorpresa ante las barbaridades que se han escrito sobre el accidente ferroviario de Adamuz. Con la honrosa tregua política que se dio a principios de semana, cabía esperar que los agitadores habituales y algunos arribistas esporádicos convirtieran las redes, principalmente X, en un pozo más infecto de lo que ya es. Al punto de que se pone en duda que algunos supervivientes del accidente viajaran en uno de los trenes, como le ha ocurrido a Adri Vélez, que no se calla, responde y lo más importante: Denuncia.

 

El anonimato en redes

Adri Vélez, que ha tenido que soportar insultos e insinuaciones de ser “un funcionario del Gobierno detrás de una cuenta fake” (mensaje escrito a su vez desde una cuenta anónima, es todo surrealista) da en la tecla: “No creen en la democracia, en el cambio climático y que la Tierra sea redonda, es normal que no crean que estuve en ese tren [...] Cómo les jode que les desmientan los bulos”. El quiz de la cuestión es el anonimato en redes. Si no tienes nada que ocultar, pones tu nombre o tu foto, es así de simple. Desde Davos, Pedro Sánchez pedía vincular las cuentas de usuario con una identidad digital europea.

 

“Sólo un perro”

Entre las toneladas de idioteces que se han dicho estaban quienes ponían el grito en el cielo porque Ana, una de las supervivientes del accidente, hubiera pedido ayuda para localizar a su perro Boro. Como si cuidar a los heridos estuviera reñido con alimentar el rayito de esperanza que supondría encontrarlo para cuando su hermana, que está en la UCI y embarazada, despierte. La historia tuvo final feliz: Decenas de voluntarios salieron a buscarlo y el perro está ya con su dueña. La mirada de ella, rota de dolor por el trauma sufrido, herida pero, pese a todo, feliz, es de las que se te clavan en el alma.

 

La abuela youtuber

Esta semana es Groenlandia, pero cualquier cortina de humo le sirve a Donald Trump para que no se hable de lo que a él no le gusta. Eso de tapar las miserias patrias se conoce que es algo común a un lado y otro del Atlántico. Porque, mientras hablamos de Groenlandia, no hablamos de las diferencias en los sistemas de salud. Aquí, te diagnostican un cáncer y te lo puedes tratar en la sanidad pública. Allí, una abuela tiene que hacerse youtuber para monetizar sus partidas del Minecraft y poder pagar el tratamiento oncológico de su nieto. Literalmente, miseria romantizada como ”hazaña”.

 

Derecha abertzale

Si Isabel Díaz Ayuso no es la protagonista, se aburre. Podría aprender algo de Juanma Moreno Bonilla esta semana. Mientras tanto, sigue agitando su discurso y preguntándose: “Si nace un nuevo Gregorio Ordóñez que pueda ganar ampliamente en las urnas, ¿volvería a tener que vivir escoltado?”. La hermana de éste, Consuelo, respondía con un tweet para enmarcar: “Igual sí, pero por el odio que inoculáis vosotros. Soy víctima del odio, sufrí el de la izquierda abertzale, ahora con mucha más crueldad el vuestro, la derecha abertzale. Hoy mi hermano sería para vosotros un hereje”.