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Lógica

Supongo que no estaré solo en mis desvelos. Por eso, he decidido dar un paso adelante con el fin de encauzar un sentimiento que quiero creer extendido en gran parte de la sociedad vitoriana o, al menos, entre aquellos que acostumbran a sostenerse en la justicia social como concepto troncal de la convivencia entre diferentes. Pero, ¿qué justicia va a haber cuando uno llega a su trabajo con los pantalones salpicados de agua y barro tras haber pisado la enésima baldosa con sorpresiva catarata inversa en su interior? Sí. Ha ocurrido hoy mismo. Y la pernera de mis pantalones delata un itinerario repleto de minas, que han deflagrado inmisericordes dejando mi imagen ultrajada por la suciedad depositada gota a gota en la tela que cubre mis piernas. De esta guisa, uno mismo deja de tomarse en serio. No hay manera de centrar la autoestima sabiendo que una suerte de cubismo tardío de libre interpretación desciende por el atuendo con el ánimo de dejar constancia de su presencia, ineludible a ojos del resto del mundo. De ahí el sentido de esta reivindicación, porque no hay peor ofensa que la provocada por las taras de aquellos elementos urbanísticos ideados para requerir mantenimiento perpetuo y que están huérfanos del mismo. ¿Les suena? A lo mejor, las reformas urbanas sólo requieran de algo de lógica...