Tras Bratislava
El fin de semana ha dejado otra sonora derrota electoral de Angela Merkel en Alemania. El asunto podría no pasar de tema doméstico si no se sumara a otras derrotas recientes, si el retroceso de la CDU y de los socialdemócratas alemanes no estuviera teniendo que ver en parte con el ascenso de Alternativa para Alemania (AfD) -populistas antiinmigración es la manera suave en la que se clasifica a esta formación- y si no ocurriera que dentro de un año Alemania debe celebrar unas elecciones federales para las que, por cierto, Merkel aún no ha confirmado su candidatura. A las elecciones alemanas se suman las presidenciales francesas también previstas para 2017. No me atrevo a vaticinar si España andará buceando para esas fechas en su cuarto intento electoral, yo ya no descarto nada. El asunto es que dos de los grandes pilares de la Unión Europea se adentran en periodo electoral -con lo que eso supone-, con la ultraderecha en auge en prácticamente todo el continente, y Los 27 se acaban de reunir en Bratislava para redefinir el futuro de la UE tras el Brexit y en plena crisis migratoria con la misma sensación de desfondamiento que adolece a la Unión desde que la crisis económica evidenciara con toda su crudeza los pies de barro y las grietas de su andamiaje.