En la fila del súper
La espera para pagar en la caja del súper es un universo. Como generalmente, utilices los sofisticados métodos deductivo-científicos que utilices -basados por ejemplo en la observación de la carga de cestas y carros en espera o el conocimiento de la velocidad de los trabajadores de las cajas- acabarás en la fila más lenta -este fenómeno se reproduce en los peajes de autopista, desconozco el motivo-, la espera ofrece ocasión para adentrarse en ese microcosmos. Por ejemplo, el examen de carro. El contenido del carro dice tanto de nosotros. Un observador avezado acertará si el comprador vive solo, en pareja, tiene niños, pequeños o mayores, si ha planificado tarde de fútbol, si es fan de la vida sana, si cocina o si no... Luego estamos las especies que habitamos este pequeño ecosistema. El impaciente que considera que por clavarte el carro en los riñones la fila milagrosamente avanzará a una velocidad de vértigo, el niño/a que despliega todos sus encantos infantiles para hacerse con lo que sea, algo, del expositor junto a la caja, el que justo cuando ya ha descargado todo en la cinta recuerda que ha olvidado ese cuarto y mitad de choped indispensable y sale a la carrera a buscarlo, provocando un parón en el ritmo de cobro que anima al impaciente a incrementar el ritmo de incrustamiento de carro en los riñones... Ese mundo...