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A por las terceras

No quisiera ser agorera, aunque hay gestos que son leyes de Murphy. Vamos, que la semana pasada lavé el coche y esa misma noche llovió, cuatro gotas mal caídas, de esas que se secan casi antes de llegar al suelo mientras piensas en qué momento decidiste lavar el coche precisamente ese día. Ya escribí que empiezo a ver un futuro en forma de urna. Achacaba mi pesimismo al cinismo de quien aún ve lejos la desconexión vacacional. Pero empiezo a comprobar que no soy la única a quien le ha recorrido la espalda un escalofrío intenso al presentir que vamos a toda pastilla a unas terceras elecciones. La hipótesis de que Rajoy ha decidido que el calendario corre en su favor, que presiona a PSOE y C’s, y que si éstos no ven la luz, un tercer paso por las urnas volvería a mejorar la posición electoral del PP, empieza a calar. Veremos qué ocurre hoy cuando el rey concluya su ronda con los partidos, si propone o no un candidato. En teoría, el elegido debería ser Rajoy, pero ya dijo que no una vez por no tener apoyos suficientes: veremos si el rey se arriesga a otro no o si se arriesga Rajoy a decir que sí. Hace falta un debate de investidura y las pertinentes votaciones para activar los plazos que llevarían a unas terceras elecciones. Por de pronto, seguimos en este impasse que dura ya siete meses y que no tiene visos de acabar pronto.