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May

Hoy vamos con una de esas historias que nos reconcilia con el ser humano y, ya en plan euforia, con el universo universal, que falta nos hace. La leí hace poco. Esta es la historia de May Ashworth, señora británica de 86 años y, entre otras cosas, abuela de Ben e internauta. Imagino a May en plan Miss Marple, en una casa típicamente british de esmerado jardín tomando el té con pastas. May, por la razón que sea, tuvo una duda existencial y como cualquier milenial de esos de los que ella podría ser abuela se lanzó a Google, que para algo es una abuela internauta. “Por favor traduce estos números romanos MCMXCVIII gracias”. Su nieto, que debe de ser de los que no pierde ripio en redes sociales, lo subió a Twitter. Y se lió claro, tropecientosmil retuits. ¿Hay algún puente más entrañable, más emocionante, más genial, entre dos siglos tan distantes tecnológicamente hablando? ¿Entre dos generaciones, entre dos maneras tan distintas de concebir el mundo y la vida? May es genial, debe de serlo porque su gesto de educación y de magnífica inocencia tuvo una inusual respuesta vía Twitter por parte de Google: “Querida abuela de Ben, esperamos que estés bien. En un mundo de miles de millones de búsquedas, la tuya nos ha hecho sonreír. Oh, y es 1998. Gracias”. Y sí, aún hay historias que nos hacen sonreír.