De campaña
Si nada lo remedia, en quince días podemos estar modo electoral. Otra vez. Como si hubiésemos dejado de estarlo en algún momento desde el 21 de diciembre pasado. En realidad, pocas cosas han cambiado desde aquel 21 de diciembre. Las líneas rojas prácticamente no se han movido -ojo, que quizá los respectivos electorados tampoco quieren que se muevan, se verá- y lo único que ha cambiado más o menos es el tablero del ajedrez interno de algunos partidos: por un lado, Pedro Sánchez ha logrado afianzar aunque sea momentáneamente su difícil situación interna y retrasar la elección del secretario general del PSOE a costa de cerrarse caminos con Podemos; por otro, Podemos ha ido bandeando sus sucesivas crisis internas fortaleciendo la posición de Pablo Iglesias en detrimento de figuras como la de Iñigo Errejón. Por lo demás, hemos pasado del teatro de las líneas rojas, al de quién quiere pactar más, al de las cesiones y ahora, en escena, al del reparto de culpas -en todas estas representaciones, claro, Mariano Rajoy ha estado sentado en el palco con periódicos asedios de corruptelas en su partido-. Así que, salvo rocambolesco giro de la trama a la catalana, la duda es si la nueva campaña electoral -convertida en sí misma en objeto de precampaña- se convertirá en el manoseo del relato de estos cuatro meses.