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Hay luz

No sé si saben, pero la Policía Local ya ha empezado a multar a los ciclistas que circulan de noche sin luces, aunque sea por el bidegorri (no me refiero a las luces que pueda tener el ciudadano en cuestión que se mueve en bici, en ocasiones inexistentes, sino a los faros de la bicicleta, los que se utilizan más para ser visto que para ver mejor). La mía la llevo ahora en el bolsillo. La que tenía colocada en el cestillo amarrado al manillar me la robaron hace unos días, con lo que ya he sufrido dos hurtos relacionados con mi principal medio de locomoción: el primero, que ya narré en este espacio, fue el de la bolsa de plástico para que no se moje el sillín; el segundo, el de la maldita lucecita. Y miren que era una lucecita de a un euro, comprada en uno de los numerosos comercios de baratillo que hay en la ciudad. Tenía un cordel de sujeción bastante sencillo, tanto que quien me la afanó no creo que empleara más de siete segundos en desanudarla y llevársela, intuyo que también en el bolsillo. La nueva tiene un sistema más complejo, todo de plástico. Aún no sé cómo tengo que ponerla, pero ya me enfrentaré a ese reto cuando salga de trabajar y la necesite para que no me multe algún agente, porque luz de verdad no da mucha, pero evitará disgustos al bolsillo.