El poder de los votos
algo falla en el sistema cuando un cargo público -recuerdo que su sueldo lo pagamos todos sin EREs ni recortes- dice o hace cualquier barbaridad y continúa en su cargo. Algo de camino nos falta por recorrer cuando la ley ampara a según quiénes sin que esté meridianamente claro hasta dónde se puede llegar y cuáles son los límites que no se pueden rebasar. Si el tal Óscar Bermán, edil en Palafolls, se permite la licencia de decir que la alcaldesa de Barcelona debería estar fregando suelos y el PP no le aparta inmediatamente de su puesto, algo falla. Puedo hasta admitir, que no compartir, que considere a Ada Colau una descerebrada llena de odio y de fobias salvajes además de una vaga incorregible. Esa es su opinión, evidentemente ofensiva y muy maleducada, aunque su opinión al fin y al cabo. Sin embargo, la alusión a fregar suelos es una reminiscencia machista intolerable en los tiempos que corren y más aún tratándose de un cargo público. El PP ha tratado de cubrirse las espaldas abriéndole un expediente, pero no es en absoluto suficiente y menos después de que el tal Bermán se haya negado a disculparse o rectificar. Así, no me extraña que algunos crean que los votos otorgan impunidad y poder para decir o hacer lo que les venga en gana.