Valencia ‘on fire’
Es curioso como buena parte de la reciente historia política española se explica en Valencia; y la futura, al menos la próxima, igual también. Valencia fue el salvavidas de Mariano Rajoy cuando la nefasta -siendo generosos- gestión del Gobierno del PP tras los atentados del 11-M le acabó privando de una victoria que todos daban por segura. Valencia, los Camps y compañía, cerraron filas con un líder asediado por los Aznar, Aguirre y San Gil, permitieron a Rajoy zafarse de los vestigios del aznarismo en la dirección del partido y consolidar su liderazgo. Valencia -y Baleares- era el ejemplo entonces de gestión para Génova. Luego llegarían Gürtel, los trajes de Camps y Nóos y el ejemplo pasó a ser una rémora incómoda cuya onda expansiva también asoló Madrid. El lodazal corrupto no tuvo freno, la operación Taula alcanza las últimas municipales. Y ahí está Rita Barberá, superviviente de gürteles y nóoses varios, en modo luisséfuerte, apartada pero aforada en la Diputación Permanente del Senado nada menos. “Esto se acabó y aquí ya no se pasa ni una”, decía Rajoy la semana pasada en su propia dimensión espacio-temporal. Y otros valencianos, los cuatro de Compromís en el Congreso, que de momento se han ido al Grupo Mixto y van por libre también en la negociación con Pedro Sánchez. Atentos a esos cuatro escaños.