Menos tela
Algo me he debido de perder durante los últimos años en lo relativo a la evolución de las especies. No soy un gran lector de Darwin, para qué vamos a engañarnos, pero intuyo que no encontraría justificación a lo que ocurre en el mundo textil: ha desaparecido el término medio entre el tradicional pantalón de cuello alto y el reciente pantalón-cinturón (el primero, por si no he sido suficientemente claro, es aquel que se abrocha más cerca de los sobacos que del ombligo; el segundo, ya lo supondrán, es el que acorta peligrosamente el espacio entre el cierre y el tiro). ¿Acaso la pelvis del humano ha reducido su tamaño con el cambio de siglo y no me he dado cuenta? En esa duda ando, no sin cierta dificultad, cuando me pongo cualquiera de los dos pantalones de pana procedentes de las rebajas. El problema es grave, porque, sin descartar ignotas consecuencias físicas a medio-largo plazo, no sé hacia dónde cargar los atributos, amontonados peligrosamente cerca de la cremallera. Descartada la pérdida ósea, sólo me queda pensar en algún plan trazado por los grandes empresarios de ropa, tan empeñados en ahorrar costes de producción que no sólo contratan en Oriente trabajadores en régimen de semiesclavitud, sino que aumentan sus ganancias quitando tela a los pantalones. Una tela necesaria.