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Blue Monday

No sé si fue usted consciente, querido/a lector/a, pero ayer fue el Blue Monday. ¿Blue Monday? Sí. Nada que ver con el Black Friday, por ejemplo. Está claro que los días de la semana en manos de un gurú de la cosa mercadotécnica con conocimientos de Pantone dan casi tanto de sí como el calendario en quien sea el responsable de designación del día de -apunte, 4 de febrero, Día del Orgullo Zombie-. El Blue Monday es presuntamente el día más triste del año, científicamente demostrado. Parece ser que tiene fórmula y todo, allá va: [W+(D-d)]xTQ/MxNA, en la que W es el tiempo que hace, la D son deudas, la d, el sueldo; la T, el tiempo transcurrido desde Navidad, la Q, el tiempo que ha pasado desde el último fracaso -en este caso, parece que esos propósitos del nuevo año, tipo ir al gimnasio o dejar de fumar-; la M, la motivación, y la NA, la necesidad de emprender. La fórmula, en realidad, hizo fortuna mainstream porque fue utilizada como gancho publicitario por una agencia de viajes, y su autor tiene otros grandes hits por si le interesa, como la del día más feliz del año. Por otra parte, todos sabíamos antes del Blue Monday que lo único bueno de los lunes es que ya falta menos para el viernes y hacerse un ranking al respecto roza el masoquismo. Como dijo Bob Geldof, I don’t like mondays.