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Héroes y villanos

sabemos que el fútbol es muy dado a sobredimensionar héroes y villanos -entre jugadores, técnicos, directivos, comentaristas, agentes, novias, tertualianos o faranduleros varios- que cambian de color de una semana a otra. Todo depende de algo tan fútil como el resultado del domingo, las filias y fobias de la afición o el capricho del líder de opinión de turno en los medios, en el almuerzo o el café del curro o en la barra del bar. Borja Viguera ha ido pasando de ser el héroe de Jaén que nos dio los dos goles del ascenso y que en la temporada siguiente nos brindó otros 25, a convertirse en el villano que robó el Athletic -ese fantástico chivo expiatorio, junto con la ETB, del rancio provincialismo- por un millón de euros con el que Querejeta aún está tapando agujeros. Ahora ha sido el hijo pródigo que ansiaba el club albiazul para hacer tándem con el lehendakari Gaizka Toquero, animar el circo de Mendizorroza y conciliarse con una afición que aplaude el liderato y sueña con Primera, pero que sigue teniendo a su directiva por antipática. Y ha terminado siendo víctima del rapto de Valverde, pero también de la racañería de Zubillaga. No sé, pero posiblemente Borja sea sólo un chaval majo de veintitantos años con ganas de meter goles allí donde le dejen jugar, ya sea Bilbao, Vitoria, Albacete, Tarragona o San Sebastián.