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Zarandajas políticas

efectivamente. En aras a garantizar la estabilidad, que las cosas sigan más o menos en su sitio y se pueda gobernar dentro de un orden para la gente de bien, sería mejor que los Reyes Magos les trajeran a los regidores mayorías absolutas, en solitario o con alguna otra sigla que les dé tranquilidad a cambio de algunas prebendas. Que les pregunten a los cuatro últimos alcaldes de Vitoria -incluido el actual- qué no hubieran dado por quitar los filtros que separaban la ciudad que tenían en la cabeza y la posibilidad de materializarla, sin tener que andar llamando de puerta en puerta convenciendo a otros para poner una baldosa o inaugurar algún edificio emblemático para la posteridad. Es más, sería mucho más efectivo designar al alcalde por sufragio directo -y censitario, si me apuran- sin tener que elegir a otros 26 concejales y luego dejarle hacer lo que crea conveniente, o lo que le venga en gana. Y es que ya ven, a Javier Maroto, Mariano Rajoy o Artur Mas los aguafiestas de turno no les dejan gobernar a gusto pese a haber quedado primeros. Esto de la democracia y de la pluralidad tiene demasiados engorros y zarandajas. A ver si ahora resulta que para gobernar encima va a hacer falta un poco de audacia, buenas dosis de seducción y mucha cintura política. Hasta ahí íbamos a llegar.