Refugiado
En este periodo extrasensorial del año entre el Año Nuevo y Reyes, estos días raros, como de resaca tontorrona en los que andamos un poco como vaca sin cencerro, sin saber si arrearle al matasuegras y hacer una conga o quizá reescribir la carta a Melchor, Gaspar y Baltasar para pedirles una cadera nueva -esto de La Gozadera va a acabar con muchos cuerpos, se lo digo yo-, mientras calculamos en plena sobredosis de turrón en qué momento exacto lo del urte berri on ya se ha quedado viejo, echo mano de un clásico: momento ranking. Me encantan las listas de los más y la Fundeu suele marcarse una variante dedicada a la palabra del año. La de 2015 es refugiado, “aquel que se ve obligado a buscar refugio fuera de su país a consecuencia de guerra, revoluciones o persecuciones políticas”. El lenguaje es maravilloso, una de las grandes creaciones del ser humano. Va una de diccionario: refugio se define en el diccionario de la RAE como “asilo, acogida, amparo”. Asilo, como refugio, proviene del latín, y se define como “lugar privilegiado de refugio para los perseguidos”. Es más, el DRAE recoge la expresión derecho de asilo, “derecho que permite a los perseguidos políticos ser acogidos en un país extranjero”. Refugiado, palabra de 2015, drama sin resolver en estos primeros días de 2016. Por recordar...