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Tiempo y memoria

Hoy va de finales. Cuando compro un libro, tengo la costumbre de leer antes la última frase. Los grandes libros tienen arranques y cierres brillantes. Y a mí, me da por curiosear cómo el autor ha decidido cerrar el círculo, lo que pocas veces tiene ver estrictamente con la trama. Y hoy va un poco de eso, de cómo acaban dos historias, de círculos que se cierran, de dos finales. El de Pedro. Vinieron a buscar a su padre, armados, una madrugada de 1936. Y ya no lo volvió a ver. Le pegaron un tiro en una cuneta, junto a otros compañeros de infausto destino y descanso. Casi 78 años después de aquella madrugada, su pueblo ha rendido tributo de memoria a aquellos hombres asesinados en una carretera. Pero Pedro ya no lo ha podido ver, murió hace unos años. Y otro final, el de Estela, cuya hija fue detenida -igual que su yerno- en 1977 estando embarazada y tras dar a luz la despacharon con un tiro por la espalda. Y a aquel bebé le cambiaron el nombre y el destino: ya nunca fue Guido, sino Ignacio. Pero Estela nunca dejó de buscarlo. Y 36 años después, Ignacio se ha reencontrado con Guido. Ni la hija ni el yerno, los padres de aquel bebé, han podido verlo. Pero sí Estela. Dos historias, dos finales y la importancia del tiempo para que los círculos no se cierren demasiado tarde.