Mesa de redacción Esclavos en Vitoria
lo imaginaba, pero siempre es impactante comprobarlo fehacientemente. En nuestras calles circulan esclavos, sobre todo estos días de jolgorio y fiesta lo que convierte la situación en más esperpéntica si cabe. Una de estas noches entablé conversación con uno de los abundantes vendedores de baratijas que deambulan por la Cuesta cargados de collares, pulseras, gorros, gafas, tallas de madera y relojes falsos. Primero intentó ceñirme una pulsera de la suerte y después charlamos un rato. Un tipo majo, de Senegal. Un auténtico esclavo de estos tiempos que en lugar de recoger algodón en las plantaciones de los blancos recorre las fiestas de cualquier sitio donde le manden con la obligación de recaudar un número determinado de monedas para sus dueños. Trabaja a todas horas y gratis a cambio de una vaga y probablemente falsa promesa de unos papeles de residencia. Después de mucho insistir y vencer sus enormes reticencias a explayarse más de lo necesario me confesó que el compromiso de permanencia en este miserable régimen es por ¡¡TRES AÑOS!! al cabo de los cuales podrá liberarse de sus cadenas para comenzar una nueva vida legal en nuestro país. Su amo vive en Bilbao y allí es donde recibe instrucciones y diferentes destinos. ¿No te das cuenta de que te han engañado, de que vas a trabajar gratis durante al menos tres años y que luego no tendrás papeles ni nada, o algo peor? Me miró triste y resignado. No era tonto, solo ingenuo y absolutamente desprotegido. Un déficit brutal de nuestro sistema. Igual me contó algo más. Ya veremos.