Islamabad ha sido este sábado escenario de un giro diplomático de alto calibre. Estados Unidos e Irán han concluido la primera fase de sus negociaciones directas con un intercambio inicial de actas de acuerdo y señales de “optimismo” por ambas partes, en lo que constituye el contacto presencial más relevante entre ambos países en décadas. Sin embargo, el avance político convive con una tensión latente en el estrecho de Ormuz, donde incidentes militares y el flujo de petróleo siguen condicionando el frágil equilibrio tras semanas de conflicto.
El encuentro, celebrado en el Hotel Serena de la capital paquistaní, ha cristalizado en un formato inédito que combina diálogo político y trabajo técnico. Tras una primera reunión de alto nivel entre el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, las delegaciones han desarrollado conversaciones directas que, según fuentes diplomáticas, se prolongaron durante más de dos horas antes de un receso para la oración y una posterior reanudación que incluyó una cena de trabajo.
La Casa Blanca confirmó que el encuentro adoptó la forma de una reunión “trilateral cara a cara”, con la participación activa de Pakistán como país anfitrión. Por parte de Washington, la delegación estuvo encabezada por Vance, acompañado por el enviado especial para misiones de paz, Steve Witkoff, y Jared Kushner, además de un amplio equipo de asesores en materia de seguridad y asuntos asiáticos. La representación iraní, por su parte, estuvo liderada por Qalibaf y el ministro de Exteriores, Abás Araqchí.
El resultado más tangible de esta primera jornada ha sido el intercambio de actas que recogen los avances iniciales de la negociación. “La primera fase ha concluido y ambas partes se muestran optimistas”, señaló una fuente diplomática iraní, que apuntó también a la posibilidad de nuevas rondas de contactos durante la jornada del domingo. La agencia iraní Tasnim subraya que los equipos de expertos, respaldados desde Washington y Teherán, continúan examinando los aspectos más complejos del proceso, lo que podría prolongar las conversaciones más allá de lo previsto inicialmente.
Este acercamiento directo marca un hito histórico: se trata del primer contacto presencial entre representantes de ambos países desde el acuerdo nuclear de 2015 y del encuentro de más alto nivel desde la Revolución Islámica de 1979. La apertura de comités especializados —económicos, militares, jurídicos y nucleares— refleja la voluntad de abordar un abanico de cuestiones que van desde las sanciones hasta la seguridad regional.
El estrecho de Ormuz, foco de tensión
No obstante, el contexto en el que se desarrollan las conversaciones sigue siendo altamente volátil. El principal foco de tensión se sitúa en el estrecho de Ormuz, paso estratégico para el comercio mundial de crudo. Este mismo sábado, un incidente entre un destructor estadounidense y fuerzas iraníes ha evidenciado la fragilidad del alto el fuego. Teherán sostiene que obligó al buque a retirarse tras emitir un ultimátum, mientras que Washington insiste en que se trató de una operación rutinaria de “libertad de navegación”.
A ello se suma la retórica beligerante del presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha asegurado que el ejército iraní ha sido “completamente destruido” y que el estrecho “pronto quedará abierto”. Sus declaraciones contrastan con la prudencia de los negociadores sobre el terreno y con la ausencia de detalles concretos sobre una eventual operación para despejar la zona de minas.
En paralelo, el mercado energético ha comenzado a enviar señales de alivio. Tres superpetroleros han cruzado el estrecho de Ormuz en la primera salida significativa de crudo desde el bloqueo impuesto por Irán a finales de febrero. Con capacidad para transportar millones de barriles procedentes de Arabia Saudí, Irak y Emiratos Árabes Unidos, su tránsito apunta a una posible relajación de las restricciones, aunque su continuidad dependerá del curso de las negociaciones.
Pese a los avances, persisten importantes puntos de fricción. La delegación estadounidense ha desmentido informaciones sobre una posible descongelación de activos iraníes bloqueados por las sanciones, evidenciando que las posiciones siguen alejadas en cuestiones clave. Desde Teherán, el presidente Masud Pezeshkian ha apelado a la firmeza de sus negociadores, asegurando que actuarán como “guardianes de los intereses” del país. "La alta delegación iraní presente en Pakistán es con todo su ser guardiana de los intereses de Irán y, en este mismo sentido, negociará con valentía", ha manifestado.
"En cualquier caso, nuestro servicio al pueblo no se detiene ni un instante y, sea cual sea el resultado de las negociaciones, el gobierno está al lado del pueblo", ha añadido.
La simultaneidad de avances diplomáticos, tensiones militares y movimientos en el mercado energético dibuja un escenario de gran complejidad. Islamabad se consolida así como el improbable epicentro de un proceso que podría redefinir las relaciones entre Washington y Teherán o, por el contrario, confirmar las dificultades de cerrar una brecha abierta durante más de cuatro décadas.