¿Cómo construir el mejor ecosistema de movilidad eléctrica, según PwC?
Que el futuro de la automoción llegue a ser, en algún momento, 100% eléctrico no pasa porque, simplemente, se fabriquen y se vendan millones de vehículos con esta tecnología de propulsión. En realidad, es necesario que en torno a ellos se genere todo un ecosistema, pero tampoco sirve cualquiera.
Así de claro lo tiene la conocida consultora PwC, que en su último análisis sobre movilidad eléctrica insiste en que la transición no depende solo de la industria del automóvil, sino de una red compleja de actores que deben coordinarse para que el sistema funcione con seguridad, eficiencia y, sobre todo, confianza por parte del usuario.
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La consultora parte de un dato que es más que evidente: los vehículos eléctricos han dejado de ser ‘un proyecto’ para convertirse en una realidad cuya expansión no deja de ir a más. Ya sabemos que China, Europa y Estados Unidos concentran casi la totalidad de las ventas globales; pero curiosamente, regiones como Oriente Medio avanzan con rapidez, especialmente Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, donde la electrificación se ha convertido en un pilar estratégico.
China, Europa o EEUU: ¿Quién lidera el mercado del vehículo eléctrico?
Pero ese crecimiento, que en primer momento parece una buena noticia, trae consigo un desafío que hasta hace poco no se había tenido en cuenta: la ciberseguridad. Y es que, en la actualidad, hablar de un coche eléctrico no es solo hacer referencia al propio vehículo… sino a un elemento que forma parte de una extensa red que incluye desde la infraestructura de carga hasta los sistemas de pago, pasando por la gestión energética, las baterías, los operadores de red y los servicios digitales que acompañan al vehículo.
Empresas tecnológicas como la vasca EUROCYBCAR describen este entramado como un ecosistema ‘interdependiente’, donde cualquier punto débil puede comprometer al conjunto. La idea es sencilla de entender si se piensa en cómo funciona una recarga: el vehículo se comunica con la estación, la estación con el operador, el operador con la red eléctrica y, en paralelo, se procesan datos personales, información técnica y transacciones económicas.
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Todo ello circula por canales digitales que, si no están protegidos, pueden convertirse en puertas de entrada para ataques capaces de paralizar servicios, manipular sistemas o incluso comprometer la seguridad física del conductor. Muchos usuarios piensan que suena a argumento ‘de película’... pero todo lo contrario: en los últimos años se han registrado incidentes que han afectado a redes eléctricas, estaciones de carga y sistemas de control industrial, demostrando que la amenaza es muy real.
La consultora subraya que la electrificación multiplica la llamada ‘superficie de ataque’, un concepto que describe el número de puntos por los que un actor malintencionado podría intentar infiltrarse. En un vehículo eléctrico moderno (que suele disponer de conectividad permanente, actualizaciones remotas, todo tipo de sensores, recurre a la Inteligencia Artificial y es capaz de comunicarse con infraestructuras externas) esa superficie es mucho mayor que en un coche ‘convencional’. Y lo mismo ocurre con las estaciones de carga, que ya son más que ‘simples’ enchufes. Se trata de dispositivos inteligentes conectados a la nube, a sistemas de facturación (para gestionar los pagos al cliente) y a redes energéticas que, en muchos casos, están en pleno proceso de digitalización.
El informe también pone el foco en un aspecto que a menudo pasa desapercibido: la percepción del consumidor. En mercados como Oriente Medio, por ejemplo, los usuarios valoran cada vez más que el vehículo incorpore medidas avanzadas de protección digital. La seguridad ya no tiene que ver sólo con los frenos, el número de airbags o la estabilidad; ahora incluye la protección frente a accesos remotos no autorizados, la integridad del software y la privacidad de los datos. Por tanto, el cómo un coche proteja esos aspectos, ya pasa a convertirse en un eléctrico en un factor de compra tan relevante como la autonomía o el tiempo de carga.
En mercados como Oriente Medio, la ciberseguridad del vehículo —protección digital, software y datos— se ha vuelto un factor de compra tan importante como la autonomía o la carga
Para PwC, el futuro de la movilidad eléctrica estará marcado por la capacidad de anticipar riesgos y diseñar sistemas resilientes (es decir, que ‘resistan’ bien en caso de ser atacados). La consultora habla de un escenario en el que la ciberseguridad será ‘el nuevo caballo de potencia’, una metáfora que resume bien cómo la competitividad del sector dependerá de su fortaleza digital.
Esto implica invertir en tecnologías capaces de detectar anomalías en tiempo real, aplicar estándares internacionales (como los nuevos reglamentos sobre ciberseguridad en vehículos, siendo el más conocido la UNECE/R155) y fomentar la colaboración entre fabricantes, operadores de red, proveedores de servicios y administraciones públicas. La transición energética, recuerda PwC, no puede avanzar si no se garantiza la estabilidad de la red eléctrica, la integridad de los datos y la continuidad de los servicios.
El ecosistema de la movilidad eléctrica, tal como lo describe la consultora, podría asemejarse a un ‘organismo vivo’ que evoluciona a medida que se incorporan nuevas tecnologías. La carga bidireccional (que permite que el coche devuelva energía a la red o al hogar) implica nuevas oportunidades, pero también añade complejidad. Lo mismo ocurre con los sistemas de pago digitales, que deben ser tan seguros como los de cualquier entidad financiera, o con la gestión de baterías, cuyo software controla parámetros críticos para la seguridad del vehículo. Cada avance amplía las posibilidades, pero también exige reforzar las defensas.