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Movilidad eléctrica

Estos 'maníacos' se han inventado un deportivo… que no se parece a nada el mundo

¿Te imaginas comprar un deportivo y, según tu estado de ánimo o por donde vayas a circular, cambiar en tu garaje el motor y elegir entre uno de gasolina u otro eléctrico? Una locura así de grande se le ha ocurrido a esta pareja de ucranianos.

Estos 'maníacos' se han inventado un deportivo… que no se parece a nada el mundo

Desde siempre han existido los coches personalizables… en mayor o menor medida. Por ejemplo, modelos a los que se le podía cambiar el aspecto con distintos accesorios, variar el aspecto del exterior con diversos materiales… pero desde un punto de vista mecánico, pocos cambios en profundidad se podían hacer, más allá de algún ajuste o set-up en elementos como la suspensión, los neumáticos… Sin embargo, ese punto de vista cambia radicalmente una vez que conoces la historia de unos gemelos muy peculiares. 

Se llaman Nikita e Iliya Bridan, dos ‘maníacos’ (como se definen a sí mismos) que nacieron en Ucrania, se criaron en Canadá, abandonaron pronto el instituto y posteriormente vivieron entre Italia y California, en Estados Unidos, que es donde residen en la actualidad. Pasaron de dibujar coches en los márgenes de sus cuadernos a fundar, en 2018, una marca capaz de desafiar a los gigantes de la industria de los superdeportivos.

Su proyecto, Oilstainlab, nació casi como un experimento personal, una especie de laboratorio creativo donde podían mezclar obsesiones: la estética de los deportivos clásicos, la ingeniería de competición y la idea (muy californiana) de que nada es demasiado ambicioso si se trabaja con las manos y con paciencia. De ese espíritu surgió el HF-11, un hipercoche que parece escapado de una línea temporal alternativa y que, sin embargo, existe, rueda y ya tiene compradores haciendo cola (aunque solo se van a fabricar 25 unidades). 

Lo primero que sorprende del HF-11 es que no se parece a nada que haya salido de un gran fabricante en los últimos años. Mientras la mayoría de hiperdeportivos apuestan por líneas afiladas, superficies limpias y un aire futurista casi obligado, los Bridan decidieron echar la vista atrás. El frontal, por ejemplo, recuerda a los Porsche de los años 70 (faros redondos, mirada ‘con personalidad’), pero el resto del coche se estira hacia atrás como la ‘cola’ de un prototipo de Le Mans, con un cuerpo ancho, bajo y musculoso que parece diseñado para afrontar rectas interminables. Esa mezcla de nostalgia y agresividad moderna es parte de su encanto: no es un coche que busque gustar a todos, sino uno que quiere dejar huella en quien tenga la suerte de verlo pasar.

Pero la historia del HF-11 no se entiende solo desde la estética. Los Bridan querían un coche que fuese tan flexible como radical, y por eso concibieron algo que muy pocos se atreverían a intentar: un chasis capaz de alojar dos configuraciones mecánicas completamente distintas. El comprador puede elegir entre un motor de combustión (un seis cilindros en línea de 600 CV o un brutal V8 de 5 litros que llega a los 1.200 CV y funciona hasta las 12.000 rpm)  o un sistema eléctrico de 800 CV alimentado por una batería de 80 kWh. Y lo más llamativo es que ambos sistemas están pensados para ser intercambiables: el propietario puede desmontar un subchasis y montar el otro en su propio garaje, como si estuviera cambiando el corazón del coche según su estado de ánimo. Es una idea casi de ciencia ficción, pero en Oilstainlab la tratan como algo natural.

El cuadro de instrumentos está formado por cinco relojes flotantes montados sobre finos soportes metálicos, como si fueran instrumentos de un avión clásico.

El peso es otro de los elementos que define al HF-11. Con apenas 907 kilos en su versión de combustión y unos 953 en la eléctrica, se sitúa muy por debajo de la mayoría de hiperdeportivos actuales. Esa ligereza se consigue gracias a un monocasco de fibra de carbono y a una obsesión casi enfermiza por eliminar cualquier gramo innecesario. El resultado es un coche que promete sensaciones muy puras: aceleraciones de 0 a 100 km/h en unos tres segundos, reacciones inmediatas y una conexión directa entre el conductor y la máquina. Para mantenerlo todo bajo control, monta una suspensión Öhlins de competición y unos frenos gigantescos (con discos de 394 mm delante, 390 mm detrás) que parecen sacados de un coche de un campeonato de resistencia.

La aerodinámica también juega un papel fundamental. El HF-11 genera cerca de 600 kilos de carga a 240 km/h (es decir, que a esa velocidad, el aire ‘empuja’ con esa fuerza al coche contra el asfalto), una cifra que lo sitúa en territorio de prototipos de circuito. Las superficies, las canalizaciones y el enorme alerón trasero no están ahí, por tanto, para impresionar, sino para evitar que el vehículo tenga la ‘tentación’ de salir volando cuando rueda muy rápido. 

El interior es otro mundo. En lugar de pantallas gigantes y menús interminables, el HF-11 apuesta por una cabina que mezcla lo analógico con lo moderno. El cuadro de instrumentos está formado por cinco relojes flotantes montados sobre finos soportes metálicos, como si fueran instrumentos de un avión clásico. Los interruptores físicos (grandes, metálicos…) invitan a tocarlos. Incluso hay detalles inesperados, como una correa de cuero en la puerta para sujetar un casco. Todo transmite la sensación de que el coche ha sido pensado para alguien que disfruta conduciendo, no para quien busca un salón rodante lleno de gadgets.

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La producción será extremadamente limitada: solo 25 unidades. Y aun así, la mitad ya están reservadas. El precio de entrada ronda los 1,85 millones de dólares, una cifra que coloca al HF-11 en la liga de los coches más exclusivos del planeta. Pero para los Bridan, el valor del proyecto no está en el dinero, sino en demostrar que todavía hay espacio para la creatividad en un sector dominado por la eficiencia y la estandarización. Su coche no pretende ser perfecto; pretende ser memorable.

En un mundo donde los hiperdeportivos parecen competir por ver quién tiene más pantallas, más modos de conducción o más cifras imposibles en la ficha técnica, el HF-11 destaca por algo mucho más simple, pero más complicado de encontrar en nuestros días: personalidad.