El resultado de combinar ‘lo clásico’ y ‘lo futurista’ no siempre sale del todo bien. Es cierto que Volkswagen, Mini o Fiat lograron conquistar al público cuando decidieron lanzar modelos actualizados de sus icónicos Beetle, ‘Mini’ y 500, respectivamente. Sin embargo, otros coches con cierta estética retro, como el Chrysler PT-Cruiser, el Chevrolet HH-R o el Plymouth Prowler (curiosamente, todos de origen estadounidense) no tuvieron tanta aceptación
¿Y qué pasa cuando lo de ‘resucitar lo retro’ se aplica a vehículos 100% eléctricos? Pues que llegamos exactamente a la misma conclusión. Sin ir más lejos, coches como el Fiat 500e o el VW Bulli-e no han logrado ‘enganchar’ al gran público. Sin embargo, otros actores importantes del sector, como Renault sí lo están logrando. En el caso de la marca francesa, aún recordamos cuando en plena rueda de prensa ‘virtual’ celebrada durante la época del confinamiento (año 2020) anunciaba dentro del marco del plan ‘Renaulution’ la vuelta a los mercados de los míticos R5 y R4… adaptados a los tiempos modernos (un ‘tanto’ que hay que anotarle al que, en aquel entonces, era el CEO del Grupo Renault, Luca de Meo).
Y luego está el caso de Honda, que resulta de lo más interesante. De hecho, la marca presentó en 2019 un urbano con una sorprendente línea entre clásica y futurista, un elevadísimo nivel tecnológico (por ejemplo, tenía cámaras que hacían las veces de retrovisores)... pero que dejó de vender apenas cinco años después por la falta de demanda. Una auténtica lástima, porque era un producto excelente… aunque caro y con poca autonomía.
Con todo, parece que eso no ha hecho desistir a Honda en su empeño de hacer muy atractivo el concepto de la electrificación… haciendo guiños al pasado. Aunque, eso sí, la siguiente prueba será dentro del mundo de las dos ruedas. En este sector ya ha habido marcas (hablamos de las más populares y con mayor historia) que buscan adaptar la fórmula ‘neo-retro’, siendo el caso más evidente el de Vespa con su conocido scooter. Sin embargo, lo que plantea la marca japonesa parece claramente más ambicioso.
De qué se trata y cuándo podría ser una realidad
Este 2026, Honda lanzará la WN7, su primera gran apuesta eléctrica dentro del segmento de las motos de media cilindrada, un territorio donde la firma japonesa siempre ha tenido mucho éxito. No cabe duda que su diseño incorpora algún guiño sutil a la estética clásica (líneas limpias, proporciones equilibradas…) de las las naked japonesas de los 80; pero la WN7 es una moto moderna en todo. De hecho, podríamos decir que su planteamiento técnico, su equipamiento y su rendimiento la sitúan como una de las propuestas eléctricas más avanzadas que veremos en las calles europeas en los próximos meses.
Honda ha desarrollado este modelo desde cero, sin adaptar plataformas previas, lo que le ha permitido mejorar la distribución de pesos y la integración de la batería. El resultado es una moto compacta pero de apariencia muy robusta, con 2.156 mm de largo, 826 mm de ancho y 1.085 mm de alto.
La distancia entre ejes, de 1.480 mm, hace pensar en que ofrecerá un comportamiento estable, mientras que los 800 mm de altura del asiento respecto al suelo la hacen accesible para una amplia variedad de usuarios. El peso en orden de marcha es de 217,5 kg, una cifra contenida para una eléctrica de su potencia, y que se ha logrado gracias al uso de un chasis de aluminio ligero sin bastidor tradicional: una solución poco habitual que reduce masa y simplifica la estructura.
El ‘núcleo’ central de de la WN7 es un motor eléctrico refrigerado por agua que entrega 18 kW de potencia nominal (lo cual permitiría que la puedan conducir los usuarios que tengan el carnet A2; incluso se habla de una versión limitada a 11 kW para los que tienen carnet A1) y hasta 50 kW en picos (la marca dice que sería equiparable a una moto de combustión de 500 cc). Traducido a sensaciones, y con la característica entrega inmediata de potencia que ofrecen los modelos eléctricos, la marca anuncia que puede acelerar de 0 a 100 km/h en 4,6 segundos. La velocidad máxima es de 129 km/h, suficiente para moverse con soltura tanto en ciudad como en vías rápidas.
La velocidad de carga es uno de los puntos fuertes del modelo: admite carga estándar mediante conector Tipo 2 y carga rápida con CCS2. En este último caso, su batería de iones de litio de 9,3 kWh puede pasar del 20% al 80% en unos 30 minutos, lo que convierte a la WN7 en una de las motos eléctricas con recarga más rápida del mercado. En carga normal, el tiempo completo ronda entre las 2,5 y las 5,5 horas, según el cable utilizado, que también es un buen dato. Gracias a esa rapidez pasa a un segundo plano la autonomía que, con 140 km, es solo correcta.
La parte ciclo está a la altura de lo que se espera de Honda. Delante monta una horquilla invertida de 43 mm con 120 mm de recorrido, mientras que detrás utiliza un monoamortiguador ajustable, también con 120 mm de recorrido. Las llantas de 17 pulgadas calzan neumáticos 120/70 delante y 150/60 detrás, una configuración muy similar a la de una naked tradicional.
El sistema de frenos incluye doble disco delantero de 296 mm con pinzas de dos pistones y un disco trasero de 256 mm, todo ello gestionado por un ABS de doble canal con IMU (un sensor que detecta la inclinación y los movimientos de la moto para que el antibloqueo y otros sistemas actúen con más precisión). para mejorar la estabilidad en frenadas bruscas y evitar posibles bloqueos de rueda.
En el apartado tecnológico, la WN7 incorpora una instrumentación conformada por una pantalla TFT de 5 pulgadas y antirreflejos, que muestra datos como la velocidad, nivel de carga de la batería, autonomía restante, hora, temperatura exterior o consumo instantáneo. Asimismo, ofrece un destacable nivel de conectividad con la ayuda de ‘Honda RoadSync’, una aplicación que sirve para vincular (mediante Bluetooth) la moto con el móvil del usuario y unos auriculares. Gracias a ello, como sucede en los coches, el piloto dispone de telefonía manos libres, navegación, puede escuchar música o, incluso, conocer el tiempo que hará en el destino al que viajes.
Por otro lado y más vinculado con la conducción, la moto cuenta con cuatro modos de conducción (Sport, Standard, Rain y Econ), se puede elegir entre distintos niveles de deceleración (en los más intensos ayudas a recargar la batería cuando no se frena) y un práctico modo “Walking Speed” que facilita maniobras a baja velocidad o marcha atrás. También incluye intermitentes con cancelación automática, señal de frenada de emergencia (se encienden todos los intermitentes), llave inteligente, una toma USB-C y limitador de velocidad seleccionable.
Seguramente, el precio puede ser el principal factor limitante del modelo… a falta de conocer los posibles descuentos o subvenciones de las que se podría beneficiar. Así, el precio de arranque es de 15.000 euros, lo que quiere decir que son casi 2.000 euros más que una CBR600RR de gasolina. Aunque, como todo en la vida, hay que verlo con perspectiva, ya que un BMW scooter eléctrico (el CE 04) ya está por encima de los 12.200 euros.