Comparecía esta semana el colectivo de pequeños accionistas del Alavés agrupados ahora en torno a Gurea DA para plantear dudas sobre el aforo exacto de Mendizorroza y el número de abonados del club. Lo hacían después de que el templo albiazul se viera teñido con los colores del equipo visitante, esta vez en el derbi contra el Athletic. Es algo que se ha repetido en demasiadas ocasiones este curso. Según los datos ofrecidos por la entidad, no debería haber mucho margen para la venta de entradas a seguidores foráneos. Apenas 2.000 si las cifras son correctas, al margen de las ocasiones en las que se ofrece la opción de ceder el asiento para la venta, algo de lo que se puede hablar también. Y ahí surgen las dudas. ¿Si el campo se llena de hinchas del adversario es porque hay menos abonados de los que el club afirma y, por tanto, salen a la venta más tickets? ¿Será que hay muchos carnets regalados? ¿Es porque muchos abonados ceden los suyos? ¿Hay mucho socio que es seguidor de otro equipo y se destapa cuando éste visita Mendi? Me cuesta ver a un sufrido aficionado alavesista borrarse o alentar a otro equipo, por mucho que pueda simpatizar con alguno, o una cesión masiva de carnets en partidos clave de la temporada. Entre lo bonito de abrir la fiesta del fútbol al visitante y sentirse extraño en casa propia debe hallarse la fórmula para el equilibrio.