El mundo está cambiando. Siempre ha sido así, es parte de la evolución, no siempre entendida como algo positivo. Es algo inherente al ser humano. De un tiempo a esta parte este cambio está cogiendo una velocidad de vértigo. A lo largo de la historia ha habido momentos para grandes revoluciones que han transformado el mundo como se conocía. Eran procesos, aunque radicales, que se prolongaban a lo largo del tiempo. Desde la imprenta a internet pasando por la revolución industrial, por señalar algunos de los hitos de lo que se puede considerar la historia reciente de la humanidad, estos avances han tardado décadas en completarse. Ahora estamos inmersos en el desarrollo de la inteligencia artificial, que en unos pocos años va a ser, y lo está siendo ya, protagonista en múltiples aspectos de nuestras vidas. Preocupados y distraídos por la IA resulta que lo que está cambiando a una velocidad aún mayor es el mundo pero en términos de geopolítica. El equilibrio de fuerzas que mantenía una cierta estabilidad planetaria desde la Segunda Guerra Mundial, sin obviar los conflictos bélicos, las hambrunas, los abusos y las injusticias, se desmorona. Desde hace días el vértigo no lo provoca solo la rapidez a la que se transforma el mundo, también y sobre todo lo desata el abismo al que nos empujan los desmanes y delirios imperialistas de Donald Trump.