La sostenibilidad ha pasado a convertirse en un vector clave de la competitividad de las empresas, en un contexto marcado por la transición energética, la presión regulatoria europea y la creciente exigencia de clientes e inversores. En definitiva, integrar en la toma de decisiones y los modelos de gestión criterios ambientales y sociales y un enfoque económico sostenible ya no es una opción.

Las pequeñas y medianas empresas constituyen el tejido productivo dominante en el País Vasco y, a sus exigentes estrategias de negocio, se suman las derivadas de la sostenibilidad, no solo para cumplir con normativas, sino principalmente para anticiparse a una economía donde la eficiencia de recursos, la trazabilidad y la transparencia decidirán quién compite y quién se queda atrás.

Una oportunidad única para la industria vasca

En el caso del País Vasco, esta transición presenta una oportunidad única. Su tradición industrial, su ecosistema de innovación y su apuesta por la reindustrialización verde permiten a muchas pymes posicionarse en nichos de alto valor añadido, desde la economía circular hasta las tecnologías limpias.

“En nuestro caso, acompañar a las empresas vascas en su transformación es poner a su disposición soluciones de financiación realistas y personalizados"

El reto en este contexto es doble: por un lado, asumir las inversiones necesarias en un momento de incertidumbre económica; por otro, traducir la sostenibilidad en una propuesta de valor clara.

Acompañar a las empresas en su transformación

Y es aquí donde la financiación y el acompañamiento estratégico juegan un papel decisivo al orientar la sostenibilidad como una palanca de crecimiento.

“En nuestro caso, acompañar a las empresas vascas en su transformación es poner a su disposición soluciones de financiación realistas y personalizados para reforzar su competitividad, contribuir a su desarrollo de forma sostenible y facilitar —con asesoramiento estratégico— una gestión eficiente para un mayor impacto real en sus entornos”, explica Marieli Arroyo, responsable de negocio e impacto del área de Sostenibilidad de Kutxabank.

El Plan Benetan 2025-2027 de Kutxabank sitúa el apoyo a empresas como una de sus prioridades y contempla más de 10.000 millones de euros en nueva financiación sostenible, duplicando la cifra del plan anterior.

La primera operación firmada FEI ha sido con la empresa alavesa Basquevolt, con la que Kutxabank apoyará el escalado industrial de la empresa tecnológica en el mercado de la movilidad sostenible y el almacenamiento de energía

En 2025, avanzó en su compromiso con la banca sostenible, elevando un 55% la financiación concedida, frente a 2024, hasta cerca de los 4.000 millones de euros, un 40% de la inversión crediticia sostenible prevista en los tres años de su plan estratégico.

El 74,3% de esta financiación se destinó a empresas, la de consum ‘verde’ creció un 40% y, en hipotecas, representó más del 20% de la nueva producción.

Primera operación con el FEI con sello alavés

En paralelo, continúa ampliando sus instrumentos de apoyo a las empresas en materia de sostenibilidad, incorporando colaboraciones con otros agentes para reforzar su alcance.

Un ejemplo se encuentra en el acuerdo de garantías firmado con el Fondo Europeo de Inversiones (FEI), que permitirá canalizar más de 200 millones de nueva financiación hacia la economía real, destinada a impulsar la doble transición sostenible y digital de pymes y facilitando la inversión empresarial de pymes en tecnologías que impulsan la transición energética y la competitividad a largo plazo.

La primera operación firmada FEI ha sido con la empresa alavesa Basquevolt, con la que Kutxabank apoyará el escalado industrial de la empresa tecnológica en el mercado de la movilidad sostenible y el almacenamiento de energía.

La operación actuará como un aval de 4,9 millones de euros para una de las ayudas concedidas a Basquevolt por el PERTE de Vehículo eléctrico y Conectado, destinadas a financiar inversiones (CAPEX) que harán posible su escalado industrial, alineado con la estrategia europea de movilidad sostenible y bajas emisiones.

Y será clave para la industrialización de electrolitos poliméricos híbridos para baterías en estado sólido (Gen4), haciendo posible el despliegue masivo del transporte limpio, el almacenamiento de energía estacionario y los dispositivos portátiles avanzados.