El Anillo Verde nació en los ochenta. Los humedales de Salburua se recuperaron en los noventa. El Jardín Botánico de Olárizu arrancó en 2007. Y el pasado mes de octubre, Olarizu sumó una pieza más: un laberinto vegetal de casi 4.000 metros cuadrados, sin herbicidas y con drenaje natural. El seto de carpe tardará todavía años en alcanzar su altura definitiva. La inversión en biodiversidad urbana, en cambio, lleva ya cuatro décadas dando resultados.

Una dehesa que no desapareció

El origen del Jardín Botánico se remonta a 1727 cuando el Ayuntamiento de Vitoria construyó en estas campas un establo para recoger el ganado que abastecía a las carnicerías de la ciudad. Ese edificio, la Casa de la Dehesa, es hoy la sede del Centro de Estudios Ambientales y el principal punto de información del Anillo Verde.

Con 70 hectáreas, es uno de los jardines botánicos más extensos de la península ibérica.

El parque como tal se creó en 1984 y a mediados de los noventa se integró en el Anillo Verde. Pero, a diferencia de otros espacios de esa red (como los humedales de Salburua o el corredor del Zadorra), Olarizu nació con vocación urbana. Estaba pensado para el uso público, la educación ambiental y las actividades de formación. 

Un museo vivo con más de 900 especies

La idea de dotar a Vitoria-Gasteiz de un jardín botánico fue motivo de debate durante años. No fue hasta el año 2000 cuando el Centro de Estudios Ambientales, con el asesoramiento de la Universidad del País Vasco, comenzó a definir el proyecto. El jardín se creó en 2007 y desde entonces no ha dejado de crecer. 

Con 70 hectáreas, es uno de los jardines botánicos más extensos de la península ibérica, y alberga más de 900 especies en sus colecciones de planta viva. Es un sumidero natural de CO₂ y refugio para aves, insectos y pequeños animales. 

“El Jardín Botánico se aleja de los jardines antiguos que servían como excusa para coleccionar plantas o justificar un paseo. Con Olárizu tenemos tres propósitos: representar los bosques de Europa, recuperar el conocimiento etnobotánico y conservar la flora amenazada de nuestro entorno más cercano”, destaca el concejal de Medio Ambiente de Vitoria-Gasteiz, Borja Rodríguez.

El Arboreto de los Bosques de Europa, la colección principal, reúne representaciones de los grandes paisajes forestales del continente: mediterráneos, submediterráneos, templados, boreales y de alta montaña. El Jardín de Plantas Útiles trabaja la etnobotánica, las relaciones históricas entre las personas y las plantas. Y el Banco de Germoplasma sirve de lugar de conservación de la flora del País Vasco y del entorno pirenaico-cantábrico.

La educación ambiental es el hilo que conecta todas esas colecciones con la ciudadanía. Desde los primeros años del parque, la Casa de la Dehesa ha acogido programas de formación y sensibilización dirigidos a escolares, familias y público general. 

Un arca para preservar semillas

Desde hace quince años, el Banco de Germoplasma Vegetal conserva semillas, esporas y otros materiales de reproducción de especies silvestres amenazadas, endémicas o raras del País Vasco y territorios aledaños. Su trabajo permite realizar reintroducciones cuando el medio natural ya no puede sostenerlas por sí solo, recuperando la biodiversidad de los entornos.

Un hombre analizando una hoja con una lupa Gabi Fotografía

Detrás de los senderos y las colecciones de Olarizu hay una decisión deliberada: construir, especie a especie y año tras año, una institución capaz de estudiar, conservar y devolver al medio natural la flora que lo necesita. El laberinto es la cara más visible. El trabajo que ocurre en los laboratorios de la Casa de la Dehesa, en el Centro de Estudios Ambientales del Ayuntamiento, en el banco de semillas y en las reintroducciones de campo es lo que sostiene todo lo demás.