Desde hace unos días está en marcha el programa de ayudas al ahorro y la eficiencia energética en la industria. En un contexto de electrificación creciente, la eficiencia ya no es un extra: es una condición de continuidad. Menos energía por unidad de producto, más control del proceso y menos exposición a la factura final.
El programa cuenta con 52 millones de euros y se dirige a empresas industriales manufactureras con actividad en Euskadi. Su objetivo es financiar inversiones que reduzcan el consumo de energía y faciliten la descarbonización. Se apoyan la mejora o sustitución de maquinaria, equipos e instalaciones existentes, y la optimización de procesos. También se subvenciona la implantación de sistemas de gestión energética, para medir consumos, detectar desviaciones y reaccionar con datos.
Hay dos líneas especialmente interesantes para la industria que se está electrificando. Por un lado, la sustituición de equipos o instalaciones generadores de energía por alternativas renovables basadas en bombas de calor, siempre que no sean actuaciones de climatización de confort. Por otro, inversiones en instalaciones eléctricas nuevas o adecuación de las antiguas cuando se han realizado actuaciones en eficiencia energética, en energías renovables o descarbonización (cuadros, transformadores, acometidas o tomas de tierra). Parece un detalle, pero a menudo marca la diferencia entre ejecutar una mejora o dejarla en el cajón.
El programa fija ayudas de entre el 15% y el 65% según la intervención y el tipo de empresa industrial, con un máximo de 4 millones de euros por actuación y grupo industrial. El plazo de solicitud se extiende hasta el 30 de junio de 2027 o hasta que se agoten los fondos.
A este pilar se suma el programa de autoconsumo y electrificación de consumos térmicos con renovables, también gestionado por el EVE. El autoconsumo energético industrial consiste en que una empresa genere la electricidad que consume en su propia instalación, para reducir su factura y ganar estabilidad y competitividad.
Es una forma de acercar parte de la energía al punto donde se usa, reducir exposición y mejorar la planificación. Apoya instalaciones de generación eléctrica para autoconsumo y el salto de la energía térmica hacia soluciones renovables, sustituyendo equipos basados en combustibles fósiles por bombas de calor en determinados usos. El programa está dotado con 80 millones de euros y finaliza el 30 de septiembre de 2026.
El segundo instrumento, muy útil para ‘cerrar números’, son los CAEs, los Certificados de Ahorro Energético. Un CAE equivale a 1 kWh de ahorro anual de energía final conseguido tras una actuación de eficiencia. Si una empresa ahorra 40.000 kWh al año, puede generar 40.000 CAE. La clave es que el sistema permite dar valor económico a ese ahorro. El usuario puede recibir una contraprestación si cede o vende los ahorros para su certificación, de modo que parte del retorno llega como ingreso adicional y puede reinvertirse en nuevas mejoras. En Euskadi, el EVE actúa como gestor autonómico del sistema de CAEs, ya que analiza y valida técnicamente las solicitudes y coordina su tramitación con el registro estatal.
La fiscalidad y sus incentivos cierran el potente esquema económico que conforman todos estos instrumentos. Su efecto combinado permite mejorar sustancialmente la rentabilidad de los proyectos, acortar los periodos de retorno y reforzar la competitividad industrial al tiempo que se reducen costes estructurales de energía y la exposición a los vaivenes del mercado. Vistos juntos, forman una respuesta coherente del Gobierno Vasco a los retos industriales actuales.