¿Por qué es importante abordar la descarbonización y qué consecuencias puede tener para la competitividad de las empresas alavesas?
–Álava tiene una identidad profundamente industrial: en torno al 30% del PIB proviene de la industria. Por eso la descarbonización no es una opción aquí, es una necesidad estratégica. Europa nos marca un rumbo muy claro: menos emisiones, eficiencia energética, industria más sostenible y resiliente. No cumplir tendrá consecuencias importantes, tanto medioambientales como económicas, que impactarán de lleno en la competitividad de nuestro tejido industrial.
Las empresas alavesas que antes se adapten a modelos más sostenibles serán más competitivas en los próximos años. Álava ya ha pasado por otras transiciones y contamos con conocimiento, capacidad tecnológica y talento para liderar esta. Estoy convencida de que la descarbonización puede convertirse en una palanca para modernizar nuestra industria, atraer inversión y generar empleo de calidad.
¿Qué ventajas tiene afrontar esta transición de forma colectiva ?
–Esta transición es un reto complejo. Las ayudas Álava Innova Descarboniza, con dos millones de euros, van encaminadas justo para lograr una descarbonización real. Hemos de tener en cuenta que el 99 % del tejido industrial alavés está formado por pequeñas empresas. Por eso es más necesario aún ese acompañamiento, esa colaboración público-privada y debemos trabajar con toda la cadena de valor. En esta última convocatoria hemos batido el récord histórico de solicitudes, llegando a 155. Las pymes alavesas están dando pasos para descarbonizarse, para reducir sus emisiones, pero necesitan que los acompañemos en todo este proceso.
¿Por qué consideran importante que esta transición se construya de forma colectiva?
–Porque ninguna empresa puede descarbonizarse de forma aislada si su cadena de valor no lo hace también. En Álava contamos con empresas líderes en automoción, siderurgia, alimentación o aeronáutica que llevan años reduciendo emisiones y trabajando para ser neutras en carbono. Son conscientes de que sus proveedores también deben reducir las suyas. Ese es el objetivo de la Alianza por la Descarbonización Sostenible, que la descarbonización llegue a toda la industria y se convierta en una palanca de crecimiento, de atracción de inversión y de desarrollo tecnológico.
Ekiola, las cooperativas energéticas están llevando modelos de autoconsumo colectivo a distintas cuadrillas y pequeños municipios. ¿Qué impacto pueden tener estos proyectos en la vida de los municipios y de la ciudadanía?
–Ekiola permite generar energía renovable en las cuadrillas y en los pequeños municipios, más de 500 hogares por cada ekiola. Tenemos ya en marcha las de Mendialdea, Lautada y Gorbeiaaldea, y la de Aiaraldea está en construcción. En un momento de enorme incertidumbre geopolítica, la soberanía energética tiene cada vez más relevancia. Estos proyectos demuestran que la transición también se puede trabajar desde lo local, empoderando a la ciudadanía. Los beneficios son la reducción de emisiones, una mayor resiliencia frente al cambio climático y menos dependencia exterior. Queremos que los propios pueblos generen energía para ellos mismos, y que las generaciones venideras puedan disfrutar de la calidad de vida que tenemos en Álava.
En municipios como Salinillas de Buradón, Bóveda, Lalastra o Valluerca ya se desarrollan proyectos piloto de autoconsumo energético. ¿Qué beneficios puedepercibir la ciudadanía?
–Todas estas iniciativas buscan que la ciudadanía y el territorio alavés se beneficien ahora y en el futuro. El objetivo es garantizar la sostenibilidad y la pervivencia. El modelo de autoconsumo viene financiado por fondos Next Generation, y la idea es acompañar a estos núcleos rurales en la transición energética respetando su autonomía. Que sean los propios municipios los que generen energía renovable para su autoconsumo. Los beneficios son la reducción de emisiones, una mayor resiliencia frente al cambio climático y una menor dependencia exterior. A eso se suma la Oficina de Transición Comunitaria, desde la que apoyamos a la ciudadanía, empresas, comercios y entidades locales para impulsar comunidades energéticas. Todo ello está orientado a lograr el objetivo que nos marca Europa: ser un territorio neutro en carbono en 2050.