Los huevos son un alimento fundamental en toda dieta. Dada su versatilidad a la hora de preparar recetas, su valor nutritivo y muchos otros factores, no puede faltar en la cocina. No obstante, hay un pequeño inconveniente al que no se le presta la suficiente atención: la dificultad de quitar su cáscara.
De ahí la necesidad de conocer técnicas con las que eliminarla fácilmente y sin dejar muchos restos visibles. A pesar de que puede ser complicado, hay remedios fáciles con los que conseguirlo.
El truco de la chincheta para pelar huevos
Uno de los métodos más efectivos de cocina que hay para eliminar la cáscara de un huevo a la primera, sobre todo si está cocido, es el conocido como “truco de la chincheta”. Si lo aplicamos, podremos retirar la cáscara sin dañar la clara.
Todo comienza cuando el huevo todavía se encuentra crudo. Si usamos una chincheta o, en su defecto, una aguja fina, se abre un pequeño agujero en un extremo, generalmente en su base ancha, donde se acumula un espacio de aire natural dentro del huevo.
Procedimiento sencillo
El objetivo de este método es muy simple: mediante un pequeño pinchazo, ir liberando gases durante la cocción del propio huevo. Cuando este entra en calor, el aire de dentro se expande, creando presión contra la cáscara.
Al no tener una vía de escape, no es tan eficaz y puede provocar algunas fracturas. Pero, al abrir un orificio, el aire va saliendo de forma controlada y favoreciendo que la cocción sea mucho más uniforme y lisa.
Rematando el huevo
Después de hervir el huevo, el siguiente paso es templar su temperatura en agua fría. Como resultado, la membrana interna se contrae y la clara se separa. Por lo tanto, la cáscara se quita con mucha más facilidad al pelar el alimento, sin restos pegados.
Aunque puede parecer un truco extraño, lo cierto es que es un recurso muy curioso, que se basa en principios físicos. Bien aplicado, no cambia el sabor ni la textura del huevo, y tampoco su contenido.
Otros trucos para pelar huevos con éxito
Dejando a un lado el truco de la chincheta, hay alternativas igual de eficaces. Una de ellas se basa en golpear suavemente el huevo cocido hasta romper su cáscara y dejarlo en un cuenco de agua, desprendiéndose rápidamente.
También podemos usar una cuchara. Después de retirar pequeños pedazos del huevo, metemos el utensilio entre la clara y la cáscara, moviéndolo con cuidado, para separar las capas sin afectar al alimento y consiguiendo un acabado limpio.
Por otra parte, hay otra técnica muy curiosa: consiste en quitar la cáscara y soplar con fuerza por uno de ellos. Con este mecanismo, la presión impulsa el huevo hacia fuera, desprendiéndose por completo en pocos segundos.
Salud ocular y cerebral
Uno de los nutrientes más interesantes del huevo es la colina, un compuesto que contribuye al desarrollo y funcionamiento del cerebro. Asimismo, la colina tiene beneficios en la memoria, el aprendizaje y la salud neuronal en general. Es más, se ha demostrado que su consumo es muy importante durante el embarazo y la lactancia, ya que ayuda al desarrollo cerebral del feto.
Además, el huevo tiene luteína y zeaxantina, dos antioxidantes que se acumulan en la retina y que son fundamentales para prevenir enfermedades oculares como la degeneración macular relacionada con la edad.