La fruta de temporada es un tesoro por sus vitaminas, al alcance del paladar durante todo el año, pero especialmente en primavera-verano, donde se muestran tan tentadoras por sus aromas, formas y colores. El problema es que no siempre se conservan como esperamos. Por eso, es importante seguir ciertas pautas que te detallamos a continuación para conservarlas en estado óptimo y evitar que se descompongan antes de lo debido.

Ya antes de llevarlas a casa, en el momento de elegirlas en el mercado, conviene fijarse en su color, textura y frescura, y procurar comprar las que estén en el mejor estado para que duren cierto tiempo antes de consumirlas.

Aquí van unas estrategias útiles para conservar durante más tiempo las frutas de temporada:

  • Lavar las frutas: Por norma general, conviene limpiar la fruta con agua antes de almacenarla, para eliminar restos de tierra o productos rociados que pueden perjudicar su calidad y aumentar la probabilidad de contaminación. Sin embargo, hay algunas excepciones de variedades que se conservan mejor sin mojarlas previamente, como ocurre con las fresas y los frutos del bosque.

Limpiar la fruta es importante para eliminar restos de tierra o de productos rociados. Pexels

  • Retirar envases: Lo ideal es desechar las bolsas de plástico cerradas y demás envases herméticos de las frutas.
  • Utilizar recipientes de mimbre: La típica canasta o cesta de mimbre es perfecta para conservar fresca la fruta, ya que este material, al estar compuesto por fibras naturales, permite la transpiración de los alimentos e impide que se llenen de moho y bacterias. El uso de bolsas transparentes con pequeños agujeros es un truco muy práctico para prolongar la vida útil de este tipo de alimentos. También las bolsas de papel o el periódico ayudan a mantener algunas frutas frescas y aptas para el consumo, al impedir que se mezclen entre sí y al mismo tiempo evitar la proliferación de microorganismos dañinos.

El mimbre permite la transpiración de los alimentos. Freepik

  • Separar los alimentos: Las distintas frutas tienen procesos de maduración diferentes, por lo que es necesario separarlas al almacenarlas para optimizar la conservación. Hay que tener en cuenta que algunas frutas emiten pequeñas cantidades de etileno cuando alcanzan cierto grado de maduración, y este gas acelera la maduración, por lo que es más apropiado ponerlas solas en el lugar de almacenamiento. Es el caso de las manzanas, peras, melones, ciruelas, aguacates y tomates. Estos dos últimos, botánicamente son una fruta, aunque por su bajo contenido en azúcar y sabor neutro, se utilizan en platos como una verdura.
  • Temperatura de almacenamiento: Cada fruta tiene requerimientos específicos de temperatura y humedad. Algunas, como las manzanas, requieren refrigeración, y otras, sin embargo, prosperan a temperatura ambiente sin necesitar la frescura del frigorífico. Véanse los plátanos, la piña y el mango, que prefieren condiciones no tan frías. Eso sí, lo ideal es buscar un ambiente fresco, ya que en lugares cálidos se suele acelerar su maduración.

Algunas frutas requieren refrigeración para su conservación. Pexels

  • Tratamiento post-compra: Sumergir las frutas en una solución de vinagre y agua puede ayudar a eliminar bacterias y hongos superficiales, extendiendo su vida útil.  

Con todo, además de tener disponibles para su consumo por más tiempo estos alimentos, afines a la dieta equilibrada y saludable, incluso en temporadas bajas, se evita el desperdicio alimentario.

CONSEJO DE INTERÉS

La revisión de cada pieza de fruta antes y durante el almacenamiento es clave para evitar que se dañen mucho antes de lo debido. Y es que algunas frutas se pueden descomponer y afectar de forma directa a las que están en su mismo lugar de conservación. De ahí que sea primordial revisarlos todos los días, y desechar aquellos que estén demasiado maduros o con señales de descomposición.

¿Se puede congelar la fruta fresca para conservarla mejor?

Por supuesto que se puede en la mayoría de los casos, como una excelente forma de conservar su frescura y disfrutar de ella durante todo el año. Si te decides a hacerlo, recuerda etiquetar todas las bolsas con el tipo de fruta y la fecha de congelación. Además, asegúrate de eliminar la mayor cantidad de aire posible de las bolsas para evitar la formación de cristales de hielo que puedan afectar la calidad de la fruta.

Las pautas concretas sobre cómo congelar cada tipo de fruta son las siguientes:

1. Fresas, frambuesas y frutas pequeñas.

Una vez limpias y secas se pueden congelar enteras o cortadas, dependiendo de tus preferencias. Como en el caso de cualquier fruta, es preciso extenderlas en una bandeja para evitar que se toquen entre sí y congelar de manera individual antes de transferirlas a bolsas una vez congeladas.

2. Plátanos.

Pélalos y córtalos en rodajas o trozos y al congelador. Una vez congelados, los puedes guardar en bolsas para un fácil acceso.

3. Pulpa de frutas.

Tras extraer la pulpa de frutas maduras, retirando las semillas si es necesario, divídela en porciones manejables y colócala en bolsas herméticas.

4. Manzanas y peras.

En primer lugar hay que pelar, cortar y retirarles el corazón. Una buena idea es sumergirlas en una solución de agua con jugo de limón para evitar la oxidación.

Fruta congelada. Pexels

5. Cítricos (naranjas, mandarinas y limones).

Se pueden congelar enteros, en mitades, en rodajas o gajos, una vez limpios. Y en bolsas herméticas con el aire extraído para evitar quemaduras por frío. También puedes congelar su zumo, como el de la piña.

6. Kiwi y mango.

Pela, corta en trozos y congela individualmente en una bandeja antes de transferir a bolsas.

7. Bayas (arándanos y moras).

Procede igual que con el resto de frutas, tras lavarlas y secarlas, se congelan en bandejas y luego se guardan en bolsas para evitar que se peguen.

¿Qué frutas no se deben congelar?

Algunas frutas pueden ver alteradas características como la textura, sabor o calidad cuando se descongelan. Estas son algunas de ellas:

  • Sandía y melón. Su alta cantidad de agua puede hacer que cambie su textura después de congelarla, volviéndose más blanda.

La sandía y el melón ven alterada su textura al congelarlas. Pexels

  • Papaya. La lechosa puede volverse demasiado blanda y perder su firmeza al congelarse.
  • Fresas enteras. Su textura puede resultar un tanto mushy (blanda) al descongelarlas.
  • Cítricos enteros. Congelar cítricos enteros, como naranjas o limones, puede cambiar la textura de la pulpa. Sin embargo, puedes congelar el jugo o la ralladura.
  • Bananas con cáscara. La cáscara puede volverse difícil de pelar después de congelarlas.
  • Uvas. Si bien las uvas congeladas son deliciosas, si las congelas para comerlas frescas, su textura puede cambiar al descongelarlas.

Es importante destacar que, aunque algunas frutas no sea ideales para consumir frescas después de congelarse, aún pueden ser útiles en batidos, smoothies.

Y a la hora de descongelar, como consejo general, hay que tener presente que la velocidad de descongelación puede variar según el tamaño y tipo de fruta, así como las condiciones ambientales. En todo caso, evita descongelar frutas a temperatura ambiente durante periodos prolongados para reducir el riesgo de proliferación bacteriana.