“Uno de los principales objetivos de Celedones de Oro es abrirse a todo Álava, ya que es una asociación que no se limita sólo a Vitoria”
Elena Martínez de Madina asume la presidencia de Celedones de Oro con el reto de expandir la entidad al territorio y acercarla a las nuevas generaciones
La filóloga e investigadora gasteiztarra Elena Martínez de Madina lleva décadas estudiando la toponimia histórica del municipio de Vitoria a lo largo de seis siglos, por lo que defiende la importancia de conocer y divulgar el patrimonio alavés.
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Nueva y primera mujer presidenta de Celedones de Oro. ¿Cómo recibe esta noticia?
Bueno, Josemari Vélez de Mendizabal ha estado los últimos diez años y ha hecho una labor encomiable, transformando la institución y abriéndola a nuevas iniciativas y formas de trabajar. Coger ese testigo es para mí es un reto importante, porque se ha hecho mucho trabajo previo y ahora toca continuar esa línea y seguir avanzando. En ese sentido, creo que el gran valor de Celedones de Oro es la gente, muy implicada con Vitoria y con Álava, con ganas de impulsar nuevos proyectos y de seguir construyendo desde el compromiso con el territorio.
La asociación ha avanzado mucho en los últimos años. ¿Qué cambios le gustaría hacer ahora como nueva presidenta?
Más que plantear cambios, creo que se trata de dar continuidad a lo que ya se está haciendo. Hay una base sólida que ha funcionado bien y la idea no es retroceder, sino seguir desarrollándola. A partir de ahí, sí que se pueden abrir nuevas líneas o proyectos, pero siempre manteniendo esa coherencia con el trabajo que se ha venido haciendo en los últimos años.
¿Celedones de Oro se limita solo a Gasteiz o representa a toda Álava?
La idea es clara: abrirse a todo el territorio. Ya se está trabajando en esa dirección, saliendo a distintos municipios alaveses y reforzando esa presencia fuera de la capital. Además, hay premiados que no son vitorianos, sino alaveses, lo que ya refleja esa vocación. La asociación tiene su base en Vitoria, pero entiende Álava como un conjunto, y queremos seguir avanzando en esa línea para que se sienta como algo compartido en todo el territorio.
“Álava tiene una riqueza patrimonial enorme, tanto material como inmaterial, y lo primero es conocerla y valorarla”
Fue también la primera mujer en recibir un Celedón de Oro en solitario. ¿Qué sintió?
Fue una gran sorpresa, porque no me lo esperaba en absoluto, y lo que sentí sobre todo fue mucha gratitud. Siempre digo que a un premio nadie llega solo, siempre hay muchas personas alrededor que te han apoyado en el camino, aunque a veces no seamos del todo consciente de ello. Y en cuanto a ser la primera mujer, creo que tuvo su importancia porque rompe una barrera. Lo positivo es que, una vez que ocurre, deja de ser noticia y pasa a formar parte de la normalidad.
¿Cree que los jóvenes conocen la asociación?
Creo que en estos momentos la gente joven la conoce menos, y ese es uno de los retos que tenemos por delante. No es una cuestión exclusiva de la asociación, sino que ocurre en muchos ámbitos, pero eso no quita que haya que trabajar en ello. Hay que buscar formas de acercarse, generar intercambio, atraerles y, al mismo tiempo, interesarse también por lo que ellos hacen. Es un proceso que requiere adaptación y nuevas maneras de comunicarse.
Estudió filología vasca y forma parte de Euskaltzaindia. ¿De dónde le viene ese interés por el euskera y la cultura vasca?
Soy vitoriana, mi familia es vitoriana y desde siempre he estado muy ligada a las tradiciones de aquí. En realidad, empecé estudiando ciencias, pero en un momento dado decidí orientar mi camino hacia la filología y la investigación. Comencé trabajando la toponimia de Vitoria y, a partir de ahí, esa ha sido mi trayectoria principal, profundizando en ese campo con el paso de los años.
Está especializada en la toponimia de Vitoria. ¿En qué consiste exactamente este trabajo?
Yo estudio la toponimia histórica a lo largo de seis siglos, tanto de Vitoria como de los 64 pueblos del municipio. Es un trabajo de investigación que requiere método científico y, sobre todo, una gran cantidad de datos procedentes de archivos. Muchas veces lo explico como un puzzle: hay nombres que desaparecen, otros que se mantienen, algunos que se transforman o se traducen. Para entenderlos hay que tener en cuenta no solo la lengua, sino también la historia, la geografía o lo que existía en ese lugar en cada momento. Con todos esos elementos se van construyendo hipótesis que, finalmente, acaban siendo tesis.
Vitoria encarnada en sus Celedones de Oro
¿Cómo intenta transmitir estos descubrimientos?
La divulgación es fundamental. Son investigaciones que, en muchos casos, cuentan con apoyo público y, por tanto, deben revertir en la sociedad. Muchas personas utilizan nombres de lugares en su día a día sin conocer su origen, y acercar ese conocimiento ayuda a comprender mejor el territorio, su historia y su identidad.
¿Echa de menos que instituciones como la EHU hagan estudios de este tipo?
Eso muchas veces depende de las líneas de investigación de cada momento. En la universidad se hacen estudios de muchas cosas, pero todo depende del profesorado, de los departamentos y de hacia dónde se orientan esas líneas. No es tanto que se deseche un tema como la toponimia, sino que depende de esos intereses. Además, no hay tanta gente que la estudie, aunque es una disciplina importantísima. En Álava, por ejemplo, al no tener grandes textos antiguos, la toponimia es una de las grandes fuentes de conocimiento, tanto para el euskera como para el castellano. En muchos casos los documentos están en castellano, pero los topónimos están en euskera, y eso tiene un valor enorme. Aun así, no es una cuestión de directrices generales, sino de cómo evolucionan las líneas de investigación.
“Las generaciones anteriores han hecho una labor muy importante en materia de igualdad y nosotras tenemos que seguir en ello”
En sus publicaciones también reivindica el papel de la mujer en la sociedad.
Sí, es una constante en todos los ámbitos de mi vida. Es una lucha que me ha dado disgustos, pero también alegrías, como este premio. No es fácil para las mujeres, y sigue sin serlo. Parece que está todo conseguido, pero no lo está. Las generaciones anteriores han hecho una labor muy importante abriendo camino y nosotras seguimos en ello. Muchas veces ese trabajo no se ve: mujeres que han estado sosteniendo tradiciones, preparando todo lo necesario, cuidando, organizando… y gracias a eso muchas de las costumbres que tenemos se han mantenido. Si una mujer quiere que se le reconozca en igualdad de condiciones, todavía queda camino por recorrer, y es un camino que no se puede abandonar.
Cada vez hay más gente en Gasteiz que viene de fuera. ¿Cómo cree que se podría acercar la cultura vasca a estos nuevos ciudadanos?
Lo primero que considero importante es que los propios alaveses conozcamos nuestra cultura. A veces se habla de cultura vasca como si no existiera la alavesa, y no es así. Álava tiene una riqueza patrimonial enorme, tanto material como inmaterial, y lo primero es conocerla y valorarla. A partir de ahí, será más fácil transmitirla. Creo que valoramos poco nuestro propio patrimonio frente a otros cercanos, y ese es el primer paso: conocerlo bien para poder compartirlo con quienes llegan.
Después de tantos años investigando Vitoria. ¿Qué es lo más sorprendente que ha descubierto?
Es un territorio muy complejo, con muchas transformaciones y con nombres híbridos, donde se mezclan euskera y castellano en un mismo topónimo. A través de la toponimia también se descubren particularidades de la lengua vasca en esta zona, tanto en vocabulario como en usos concretos. Todo ese trabajo tiene una gran riqueza y, además, sirve como base para futuras investigaciones. No es algo cerrado, sino un punto de partida para que otros investigadores puedan seguir trabajando, planteando nuevas hipótesis o validando las existentes. Por eso insisto en la idea del patrimonio: lo primero es conocerlo, porque solo así se puede entender y valorar en su conjunto.