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Vitoria despide a Maxi Goy, la monja que se movía en moto de Carmelitas a Niño Jesús para dar clase

Estuvo más de cuatro décadas volcada en la educación Infantil. Este domingo ha tenido lugar su funeral

Vitoria despide a Maxi Goy, la monja que se movía en moto de Carmelitas a Niño Jesús para dar claseCedida

Tras una dura enfermedad, este domingo, a las 11.00 horas, se ha dado el último agur a Maxi Goy, religiosa vedruna con más de cuatro décadas volcada en la educación Infantil de Vitoria, a la que en su funeral se la ha recordado "por su enorme labor educativa", destacando su cariño, su alegría y su cercanía con txikis y familias.

En el amanecer del viernes, 20 de marzo, y tras una larga vida entregada a Cristo a través de la educación y la familia, fue cuando perdió la vida esta religiosa, una mujer muy activa que siempre se movía en moto entre estos dos colegios de la ciudad.

El próximo 12 de abril hubiera cumplido 86 años desde que vino al mundo en Galicia. Fruto de los vaivenes de aquella época, su familia emigró hasta la localidad vizcaína de Ermua para labrarse un futuro donde la industria necesitaba de mano de obra cuando ella tenía 11 años.

MUY JOVEN

Con apenas 17 años, ingresó en el noviciado de las Carmelitas de la Caridad, tras sentir la llamada de seguir a Jesús desde la vida religiosa bajo el carisma de Santa Joaquina de Vedruna.

Desde entonces, no se separó de Vitoria, donde desempeñó su tarea como religiosa Vedruna, especialmente en los colegios Niño Jesús y Carmelitas-Sagrado Corazón. Allí, y durante décadas, se dedicó a la enseñanza Infantil con alumnos de cinco años, siendo tutora la mayoría de sus años como profesora.

"Mujer con mucha energía, muy activa, dispuesta siempre a ayudar a todos, especialmente a sus alumnos, así como a su familia. Sus sobrinos, aquí presentes, la recordáis como una segunda madre, quien, de niños, os dedicaba sus vacaciones, allí en Galicia, manteniendo siempre un vínculo muy fuerte".

Con su sobrino

Así la describían las religiosas Vedruna en la misa esta mañana en la que se ha rezado por su alma. "Su vocación religiosa se desplegó con los pequeños, quienes la recuerdan como la que les enseñó a leer y a escribir y donde su afecto se dejaba sentir cuando, en la calle, la paraban para saludarla con cariño", recordaban.

A MOTOR

Una nota distintiva de Maxi era su vehículo. En bici, pero sobretodo en moto, a esta religiosa siempre se le relacionaba con este vehículo a motor en una época en la que no era habitual ver monjas moviéndose con moto por Vitoria.

"Nos enseñaba a hablar con él (Jesús) y con la Virgen de una manera única, emotiva y llena de sentido", definía una alumna suya visiblemente emocionada quien, además, recuerda que Maxi "no nos castigaba, nos mandaba a pensar, a reflexionar sobre cómo habíamos actuado ante situaciones que estaban claramente mal".

ÚLTIMO LUSTRO

En el último lustro, su vida activa y luchadora se fue apagando por una larga enfermedad que le llevó a la inmovilidad total. "Para nosotras, las hermanas, ha sido un misterio su vida y agradecemos mucho los cuidados y el cariño que ha recibido por parte de nuestras gerocultoras y de su familia. Nunca la hemos dejado sola", destacaban.

Nunca se olvidó de su Lugo natal. Allí pasaban todos los veranos como lugar de reunión familiar y también invitando a hermanas Vedruna. Y es que tener a sus dos hermanos curas en Galicia hacía de punto de reunión para la familia biológica así como para la religiosa.