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Cástor GárateSOCIO RESPONSABLE DE FISCALIDAD INTERNACIONAL EN ERNST&YOUNG

“El diferencial cualitativo de la empresa vasca es su calidad y versatilidad; con esos valores siempre encontrará caminos”

Asesor de importantes empresas en desarrollos normativos y planificación fiscal, Gárate reflexiona sobre la transformación económica internacional

“El diferencial cualitativo de la empresa vasca es su calidad y versatilidad; con esos valores siempre encontrará caminos”Oskar Gonzalez

Los modelos tributarios y las políticas fiscales tratan de adaptarse a marchas forzadas a los cambios en la geopolítica internacional. La introducción de barreras arancelarias en Estados Unidos es el último capítulo de un panorama en el que la competencia por atraer inversiones está redefiniendo todas las políticas públicas.

Las transiciones energética y tecnológica que viven los países europeos están provocando también una realineación de la fiscalidad, a la que se busca dotar de una visión que permita incentivar la innovación tecnológica y la adaptación a la nueva realidad que va a dictar la descarbonización industrial.

Sobre todas estas cuestiones reflexionó recientemente el economista vasco Cástor Gárate en Bilbao, en el marco del foro ‘La fiscalidad como herramienta de innovación tecnológica y transición energética’, organizado por Petronor.

Gárate es socio responsable de Fiscalidad Internacional en la consultora internacional Ernst&Young, una posición que le permite conocer la evolución de la economía mundial, el impacto de las políticas fiscales en el desarrollo económico o la importancia de las relaciones internacionales en el campo del comercio y la inversión.

Se cumple un año de la imposición de los nuevos aranceles por parte de la Administración Trump. ¿Qué balance hace de la reacción europea? ¿El acuerdo al que se llegó fue el menos malo que se podía alcanzar con la actual Casa Blanca?

Creo que, respecto a la política de Donald Trump, hay que distinguir lo que es crítico y táctico. La defensa y la seguridad son cuestiones críticas para él. Estados Unidos tiene un serio problema con su dependencia de China para construir material de defensa. Y eso Trump no lo puede tolerar. Y por otro lado está el debate comercial con Europa, que es táctico. Trump tiene en la cabeza el reequilibrio de la balanza, pero pienso que la UE se ha plantado como debía. La negociación arancelaria se ha llevado bien. Había un gran riesgo de quiebra de unidad y no se ha producido. Europa ha respondido bien con la reactivación de los impuestos digitales a las grandes tecnológicas de Estados Unidos. Somos un mercado de 450 millones de personas que consume de forma brutal los servicios de las tecnológicas americanas, con lo cual Estados Unidos sabe que tiene que andar con cuidado. La política común de la UE en materia comercial se ha demostrado útil con Estados Unidos. Pero en política de fiscalidad no tenemos esa visión común. Por ejemplo, no tenemos un mercado único de capitales. Cuando no hay políticas comunes, Europa flaquea. 

“La política común europea ha servido para hacer frente a los aranceles, pero en materia fiscal no tenemos esa misma visión”

¿Cómo valora la reacción de la economía vasca en este período? El balance de daños parece que se ha contenido, pero la industria está sufriendo más que en otros territorios del Estado y ya se ven efectos en algunas empresas.

La empresa vasca ha demostrado ser dinámica. Se ha demostrado que son capaces de readaptar sus mercados. En otros espacios, como en el sur del Estado, no está siendo igual. Es lo que se está viendo con el sector del aceite, por ejemplo, que tiene una dependencia enorme de Estados Unidos. Yo veo un diferencial cualitativo en la calidad y versatilidad de la producción de la industria vasca. Con esas condiciones al final siempre se encuentra un camino. Lo que está haciendo Trump con los aranceles no tiene ningún sentido, pero creo que la cuestión comercial entre Estados Unidos y Europa se irá reubicando adecuadamente. Sin embargo, su visión sobre las relaciones internacionales y la defensa ha venido para quedarse.

“La movilización del ahorro privado puede ser fundamental a la hora de captar inversiones y estimular el crecimiento”

¿Cree que Trump va a tener en cuenta la reacción de los mercados mundiales y del sector del petróleo a la hora de sus decisiones militares y estratégicas en la guerra con Irán?

Es difícil saber qué va a pasar. Pero cualquier análisis económico, financiero y tributario debe recoger la parte de los acontecimientos en la geopolítica. Pienso que la clave son las elecciones de medio mandato del mes de noviembre en Estados Unidos. Yo creo que la presión de la opinión pública puede hacer que la guerra finalice antes, porque Trump querrá presentar algo parecido a un éxito en esas elecciones. Creo que el escenario más probable es que esto termine con un escenario en el que Estados Unidos pueda decir que Irán ha corregido sus prácticas y su política en la región. Pero estamos casi en verano y pienso que Trump tiene intención de capitalizar cualquier triunfo antes de entonces. 

¿La globalización económica, tal y como la conocimos en la década de los 90, ha tocado a su fin tras los últimos acontecimientos?

Sí, claramente. Es cierto que, en materia tributaria, una regulación global era un espejismo, pero en esa década existía un multilateralismo, una coordinación global e incluso una cooperación que hoy en día no se da. En este momento tenemos por delante una serie de retos comunes en transición energética, pero la necesidad de contar con una autonomía estratégica hace que la seguridad de los Estados no permita admitir ahora esa cooperación. Estamos en un terreno de vuelta a la competencia entre Estados que tratan de definir su propio camino. Los territorios tratan de luchar por atraer inversión extranjera, y en ese campo creo que para aportar valor añadido a la economía la Inteligencia Artificial va a suponer una transformación profunda. Sin embargo, yo creo que Euskadi está mejor preparada para desarrollar e incentivar esa modernización porque la transición industrial que se ha hecho aquí es un ejemplo. 

Se está hablando de la pérdida de posicionamiento de Euskadi a la hora de captar inversiones extranjeras. ¿Cuáles son las causas?

No es fácil identificar razones concretas porque, en un contexto de tanta turbulencia, yo creo que ha caído la inversión en muchos espacios. Por otra parte, los mercados están tratando de atraer inversión a sus propios países. La primera presidencia de Donald Trump se caracterizó por eso. Quiso recuperar a casa capitales que estaban fuera y lo hizo cambiando el esquema fiscal. En los dos últimos años ha salido mucha inversión extranjera en dirección a Estados Unidos, que se está beneficiando de eso. En este sentido, lo que está ocurriendo en Euskadi puede ser algo lógico en un contexto de reubicación global de inversiones. Para mí la gran diferencia en el sistema fiscal internacional entre Estados Unidos y Europa es que el esquema americano tolera una inversión concreta e incentivada global y en Europa vamos país por país. En las decisiones empresariales se analiza el coste inversor y el ahorro fiscal, y cuanto mayor sea este último pues más opciones va a tener. Hacer una inversión moderniza la actividad y tiene un efecto expansivo, transforma todo el ciclo productivo. 

La movilización del ahorro privado que se busca en Euskadi y en Europa, ¿puede ayudar a estimular la inversión?

Me parece fundamental. El ejemplo es lo que ha logrado Estados Unidos a nivel de Inteligencia Artificial. A los proyectos empresariales de EE UU les llega el dinero casi por castigo por esta movilización del ahorro.  Toda la iniciativa comunitaria que se está gestando, como las bolsas de valores, pretende un cambio cultura sobre el ahorro, de forma que se canalice también hacia las inversiones en las empresas europeas. La política empresarial de Estados Unidos tiene una tolerancia al riesgo distinta, con una cultura de apuesta que nosotros no tenemos. Para crear los grandes proyectos tecnológicos en Europa necesitamos la inversión privada y los incentivos fiscales, y ahora mismo no contamos con eso. 

¿Cree que la autonomía que proporciona el Concierto Económico puede contribuir a que reforzar la captación de capitales?

Sí, pienso que sí. La autonomía normativa fiscal es fundamental para gestionar esto de forma adaptada a cada territorio. El tejido industrial es el adecuado y tenemos también la cultura idónea para el uso de palancas fiscales destinadas a objetivos así. Euskadi tiene una visión de utilización de incentivos fiscales para fomentar la actividad económica. Yo creo que el Concierto es una herramienta muy útil y está muy bien negociado desde el punto de vista de la imposición mínima. 

“China es un socio más predecible que confiable; tienen su hoja de ruta marcada y es difícil reducir el déficit comercial con el país”

¿Es posible para Europa reducir su déficit comercial con China?

La verdad es que veo difícil reducir esa desigualdad en la relación. China tiene un proyecto muy sólido de crecimiento de su economía. El nuevo Plan Quinquenal apuesta por mejorar el valor añadido de la producción. Ellos tienen una estrategia muy clara de a donde quieren ir. Es un transatlántico y tú puedes conseguir ciertas cosas de ellos, pero no vas a cambiar su dirección. Son dueños del comercio mundial y les interesa que haya una gobernabilidad y una claridad en las reglas mundiales. China es el principal socio comercial ahora para muchos países y es difícil que Trump pueda modificar eso. Pero la percepción que yo tengo es que son un socio más predecible que confiable a largo plazo, porque ellos tienen su propia hoja de ruta, sus propios intereses, y no los van a cambiar.