- Con la competencia cerrada por la pandemia de covid-19, Amazon ha disparado su volumen de negocio y ha visto su cotización bursátil marcar el máximo histórico, pero también ha sacado a relucir tensiones con trabajadores, socios y reguladores. Con el confinamiento, la empresa reina del comercio digital está viviendo una suerte de Navidad perpetua y podría salir de esta crisis más fuerte que nunca. En el otro lado de la balanza, los trabajadores se quejan de que no se les está garantizando su seguridad y de que la empresa no se preocupa por su salud; mientras que sus socios comerciales ven cómo se recortan sus márgenes y los reguladores temen que un incremento de su dominio del mercado pueda alentar aún más la tentación monopolística.
Y es que si ya antes de la crisis del covid-19 Amazon tenía un control abrumador del comercio digital, las últimas semanas no han hecho más que reforzar su posición y ha contratado a 175.000 nuevos empleados solo en EEUU. Las compras por internet se han disparado hasta la fecha más de un 90% respecto al año pasado en EEUU y Canadá, y un 82% en Europa, los principales mercados de Amazon.
En cualquier caso, Amazon también se ha convertido en objeto de intenso escrutinio. Nada ilustra mejor esta situación que lo sucedido el martes: mientras en Wall Street la compañía de Jeff Bezos registraba su máximo histórico de cotización, se le abría una crisis de relaciones públicas al conocerse que había despedido a dos empleadas por quejarse de la falta de medidas de protección a los trabajadores ante el coronavirus. Sus casos no son aislados y se suman a otros despidos por quejas de las condiciones laborales o participar en parones en sus almacenes como muestra de protesta. La inquietud de los políticos ante el trato que Amazon está dando a sus empleados por el coronavirus se unen a las que ya existían en relación a posibles abusos monopolísticos y por los que se le han abierto varias investigaciones en EEUU.